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LA QUEJA NUESTRA DE CADA DÍA

Ángeles Patiño

 

La queja es un hábito que muchas personas han adoptado a su estilo de vida, tal vez de una manera aparentemente imperceptible,  ¿las causas? tal vez la idea de ser una víctima de las circunstancias es muy tentadora, -en nuestro país son muy populares las victimas- así como no hacernos responsables de lo que nos sucede, ni tomar medidas ante situaciones que no nos gustan.

Queja viene del latín, de quassiare, de quassare, que significa golpear violentamente, quebrantar, y expresa un dolor, una pena, el resentimiento, la desazón..

Es sorprendente descubrir que las investigaciones, muestran que la mayoría de las personas se quejan una vez por minuto durante una conversación normal.

El  cerebro disfruta del rendimiento y no le agrada trabajar más duro de lo que debería. Cuando se repite un comportamiento como el  de la queja,  las neuronas se ramifican entre sí para facilitar el flujo de información. De ese modo, en el futuro será mucho más sencillo repetir dicho comportamiento, tan fácil que, de hecho,  sin prácticamente darse cuenta.

La queja no es siempre algo negativo, de hecho, es utilizado de forma saludable como un mecanismo para mostrar una situación de contrariedad. Sin embargo, hay personas que han convertido el hecho de quejarse en una costumbre. Simplemente se quejan por todo, de forma automática y rutinaria.

Es posible que estas personas no tengan una razón fundamentada para su queja, sin embargo, otras quejas sí tienen motivos fundamentados y es importante tanto expresarlas como que sean oídas por las personas adecuadas.

Las situaciones o motivos que originan nuestras quejas son muy variados y depende, en gran medida, de cada persona. Pero, ¿cuáles son los motivos de nuestras quejas? Esto  sin lugar a duda, depende de la perspectiva de cada uno y su situación personal, lo que para alguien puede ser un contratiempo sin importancia para otro puede suponer una distorsión importante de su nivel de bienestar.

Llevándolo a situaciones extremas podemos quejarnos del hecho de habernos derramado el café y tener que cambiarnos justo antes de salir de casa. Esto podría arruinarnos, sino todo el día, sí buena parte de la mañana en la que nos la pasaremos barruntando todo lo negativo del día. Pero claro, también se puede mirar desde el punto de vista de ser afortunado por el hecho de tener en el armario otro pantalón o camisa. Por desgracia, este segundo caso, el de la persona que siempre mira hacia lo positivo, sí, ese que ve siempre la botella medio llena, suelen ser los menos en estos días.

Es importante plantearnos si la circunstancia por la que nos quejamos tiene solución y si la queja puede ser parte de esa solución. Quejarse puede ser una fuerza de cambio si está enfocada adecuadamente. Pero el simple hecho de lanzar al aire nuestro malestar, en principio, no va a hacer que mejoren nuestras circunstancias.

Quejarse continuamente reprograma el cerebro hacia futuras quejas más a menudo. Con el tiempo, será más fácil ser negativo que positivo, sin importar que pase alrededor.

Estudios realizados en la Universidad de Stanford muestran que el quejarse reduce el hipocampo, un área del cerebro que es crítica para la resolución de problemas e ideas complejas. El daño en el hipocampo es aterrador, en especial cuando se tiene en cuenta que es una de las zonas atacadas por el Alzheimer.[2]

Si bien no es una exageración decir que el quejarse causa daños en el cerebro, esto no es todo. Cuando  una persona se queja,  el cuerpo libera cortisol, hormona derivada del estrés que  adentra en el modo de lucha y escape con relación al oxígeno, la sangre y la energía. Uno de los efectos del cortisol, por ejemplo, es elevar la presión arterial y el azúcar, de modo que se pueda estar preparado para escapar o defenderse de alguna situación de vida o muerte.

Todo el cortisol adicional liberado debido a las continuas quejas afecta el sistema inmunológico y  hace propensa a la persona  a padecer de alto colesterol, diabetes, enfermedades del corazón y obesidad. Incluso esto logra que el cerebro sea más vulnerable a algún tipo de ataque.

Como el ser humano no puede separarse de la sociedad, nuestros cerebros, de forma natural e inconsciente, imitan los estados de ánimo de los que le rodean, en especial personas con quienes pasamos mucho tiempo. Este proceso es nombrado reflejo neuronal, y es la base de nuestra capacidad de empatía.

Existen dos cosas que se pueden hacer cuando  se sienta la necesidad de quejarse: una de ellas es generar una actitud de agradecimiento, lo que significa que al momento de querer quejarse, se enfoque  la atención hacia algo que  cause ese sentimiento. Los científicos afirman que pasar tiempo contemplando las razones para estar agradecido reduce en un 23% la hormona del estrés, cortisol.

Investigaciones realizadas en la Universidad  de California [3]  encontraron que las personas que día a día se enfocaban en generar una actitud de gratitud, experimentaron una mejoría en el estado de ánimo igual que en energía, y de manera sustancial percibieron la disminución de ansiedad debido a los bajos niveles de cortisol.

[1] https://elpais.com/elpais/2015/03/18/icon/1426674571_023860.html

[2] http://www.elcorreodelsol.com/articulo/los-pensamientos-curan-mas-que-los-medicamentos

[3] http://www.jesusguerrero.com/2009/10/agradecer-en-lugar-de-quejarse/

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