Una mirada a la Disciplina Positiva: Guía para padres

Una mirada a la Disciplina Positiva: Guía para padres

Por Claudia Elizabeth Torres Reyes

Por Claudia Elizabeth Torres Reyes

Últimamente con tanta información circulando en redes sociales sobre cómo educar a los niños, la importancia de la no violencia y el respetar sus derechos, los padres podrían cuestionarse sobre cómo lograr que sus hijos se comporten adecuadamente, sin utilizar los métodos tradicionales de crianza y la manera de imponer respeto que utilizaban nuestros padres y abuelos, entonces, ¿cómo podemos educarlos con amor, pero sin caer en la permisividad?

Una herramienta que podemos utilizar para ayudar a los padres y cuidadores a relacionarse con más eficacia con los niños es la disciplina positiva. Pero ¿qué es la disciplina positiva? Como comenta Fernández (2017) la disciplina positiva tiene su origen en la psicología individual de Alfred Adler, médico y psiquiatra austriaco, coetáneo de Freud, que estudió el comportamiento humano.

Adler comprendió la importancia de mantener la dignidad y respeto por todas las personas y por supuesto a los niños. Discípulo de Adler fue Rudolf Dreikurs, un psiquiatra prominente que escribió un sin número de libros destinados a padres y educadores. Además del trabajo de Adler y de Dreikurs, la Disciplina Positiva ha tomado forma gracias al trabajo de Jane Nelsen y Lynn Lott.

Dinkmeyer & McKay (1981) mencionan que la disciplina positiva está basada en algunos de los siguientes principios básicos:

  • La igualdad, considera que los niños son iguales a los adultos en cuanto al valor humano y a la dignidad humana.
  • El respeto mutuo, mediante la amabilidad y la firmeza en el estilo parental democrático. Ser firme demuestra respeto hacia los padres, que el niño los respete, mientras que, al ser amables, los padres se muestran respetuosos con sus hijos.
  • La autodisciplina, en donde reemplazamos al premio y al castigo y permitimos al niño elegir entre diferentes posibilidades, y escoger la que él crea más conveniente, lo que le permite responsabilizarse por sus propias decisiones.
  • La estimulación, que implica valorar al niño como un individuo único que requiere ser amado y respetado.

Pero ¿qué hay debajo de un niño que se porta mal? En la disciplina positiva se parte de la base de que ningún niño tiene un mal comportamiento solo porque sí, no lo hacen por molestarnos. Cuando un niño tiene un comportamiento que consideramos no adecuado es porque él no se encuentra bien, el niño siente que está perdiendo lugar.

Dreikurs (citado por Dinkmeyer & McKay, 1981) afirmaba que los niños que se portan mal o inadecuadamente, son niños desanimados, desalentados y que creen que no pueden pertenecer a su familia portándose de una manera positiva, por lo tanto, buscan esa “pertenencia” portándose inadecuadamente.

Detrás del comportamiento inadecuado existen objetivos, ya que esta actuación le reporta un beneficio al niño. Por lo tanto, la comprensión de esos objetivos resulta en padres más eficaces. Dreikurs clasificó estos comportamientos en cuatro grandes categorías.

  1. Atención: Los niños creen que sólo pueden “pertenecer” si se les presta atención, y prefieren obtenerla en forma negativa a ser ignorados. Creen que si no son el “centro de atención” no significan nada en la familia.
  2. Poder: El niño solo se siente importante cuando considera que él es el jefe, y trata de hacer solamente lo que él quiere, «Yo soy el jefe, tú a mí no me mandas».
  3. Venganza: Los niños están convencidos de que no son dignos de ser queridos. Se sienten importantes solo cuando pueden molestar a otros tanto como creen haber sido ellos mismos molestados. Se sienten tan dolidos que piensan que solo haciendo daño van a ocupar un lugar importante. «Te odio, no te soporto».
  4. Insuficiencia: El niño esta extremadamente “descorazonado”. Al perder la esperanza de tener éxito por otros medios, tratan de que nadie espere nada de ellos. El niño responde de manera pasiva o simplemente no responde a nada que los padres hagan, “el niño no mejora”.

La mejor manera de entender el comportamiento es observando sus consecuencias, por lo que es importante que se observe la propia reacción de los padres ante el comportamiento inadecuado del niño.

Para saber en qué objetivo se encuentra el niño, los padres necesitan observar su comportamiento como adultos y preguntarse: ¿cómo me siento? debido a que es su sentimiento el que nos dice que objetivo persigue el niño. Y también observar la respuesta del niño a los intentos de corrección por parte de los padres.

Comentan Dinkmeyer y McKay (1981) que al utilizar esta técnica y observar las consecuencias del comportamiento inadecuado de los niños podremos saber cuál es el objetivo perseguido por ellos:

  • Llamar la atención. Si los padres simplemente los regañan, los niños habrán satisfecho sus deseos de llamar la atención. Por lo tanto, los padres deben mostrarles que pueden ser considerados o tomados en cuenta a través de sus contribuciones útiles en el hogar.

Se debe centrar la atención en el comportamiento constructivo del niño, ignorando el comportamiento inadecuado o bien, atendiéndolo en alguna forma no esperada por el niño.

  • Lucha de poder. Ante un niño desafiante los padres se sienten molestos y provocados. Los niños pueden continuar su comportamiento inaceptable o si los padres obligan a los niños a obedecer, la victoria va a ser temporal y puede continuar después con mayor intensidad.

Los padres deben regularse, no mostrarse molestos y tomar un “tiempo fuera positivo” para retirarse de una probable lucha de poder.

  • Los niños buscan el desquite, por lo que los padres deben tener cuidado de no practicar ellos mismos la venganza. Necesitan comprender que la actitud revanchista del niño no es causada por ellos, sino que tiene su origen en un sentimiento de desaliento del niño.

Ante esto, deben tratar de mejorar la relación con su hijo manteniéndose calmados y mostrando buena voluntad.

  • Demostración de insuficiencia. Los padres también se sentirán desesperados y querrán rendirse. Los padres deben eliminar toda censura y enfocar sus comentarios sobre las buenas cualidades y sobre las potencialidades del niño, deben estimular cualquier esfuerzo hecho por el niño para mejorar, no importa cuán pequeño parezca.

En conclusión, el comportamiento y las intenciones del niño hacia sus padres cambiaran solamente si ellos como padres cambian su actitud. Como padres hay que concentrarse en cambiar el propio comportamiento si lo que se quiere es que el niño cambie el suyo.

A continuación, se ofrecen recomendaciones, algunas de ellas comentadas por Muñoz (2019), para que los padres pongan en práctica a fin de mejorar las relaciones con sus hijos y por ende obtener un comportamiento adecuado por parte de los niños:

  • No recurrir al castigo ni al premio
  • Buscar llegar a acuerdos con los niños y cumplirlos
  • Identificar las necesidades emocionales
  • Tener una actitud de respeto mutuo
  • Minimizar las críticas negativas hacia los niños
  • Creer en ellos si queremos que ellos crean en sí mismos
  • Darles a los niños una tarea que les haga pertenecer y les permita contribuir y conectar con su familia
  • Permitir al niño desarrollar cierta responsabilidad e independencia
  • Ver los problemas como oportunidades de buscar una solución y aprender
  • Minimizar la importancia de los errores del niño y reconocer sus potencialidades, sus virtudes y sus esfuerzos
  • Decirles a sus hijos que usted los quiere y demostrárselos mediante abrazos, gestos, cariños, etc.
  • Escucharnos y observarnos sobre como reaccionamos ante los niños
  • Evitar los “NO” y cambiarlo por una pregunta, o decirle al niño lo que SI puede hacer
  • Dedicar tiempo para divertirse con cada uno de sus hijos, haciendo lo que a ambos les guste
  • Realizar una autocrítica sobre lo que estamos y no estamos haciendo, pero enfocarnos en lo que SI estamos haciendo para construir una relación positiva con los niños
  • Practicar el tiempo fuera positivo: es voluntario, tanto el niño como el adulto decide retirarse de la situación para calmarse
  • Modelarle al niño el comportamiento adecuado, siendo coherentes con lo que decimos y lo que hacemos, no modelar el caos.

“Debemos darnos cuenta de que no podemos construir en deficiencias, sólo en fortalezas. No podemos ayudar a nuestros niños [y jóvenes] – ni a nadie – a tener fe en ellos mismos mientras nosotros no tengamos fe en ellos”. -Dreikurs, R.

 

Referencias

Dinkmeyer, D. & McKay, G. (1981). Libro de los padres: PECES: Padres Eficaces Con Entrenamiento Sistemático. American Guidance Service.

Fernández, C. (2017) Educar con respeto. España: Disciplina Positiva España. Recuperado el 9 de junio de 2019 de: https://disciplinapositivaespana.com/educar-con-respeto/

Muñoz, B. (2019). Montessori y Disciplina Positiva. En M. Escacena (Presidencia). Congreso Internacional Montessori. Ponencia llevada a cabo en Tu Guía Montessori, Madrid, España.

Diplomado en Psicologia Clinica

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