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LOS PROBLEMAS DE INFIDELIDAD EN LAS PAREJAS

 

Por IRACEMA GARCÍA GUAJARDO

 

Por IRACEMA GARCÍA GUAJARDO

Entre las grandes crisis del matrimonio la infidelidad es una de las más grandes, pero además es una de las más comunes y devastadoras. Podríamos decir que por lo general cuando hay problemas de comunicación en la pareja hay también problemas de infidelidad, ya que a pesar de que el establecimiento de acuerdos que juzgan lo decoroso o indecoroso en la pareja, debería ser siempre parte de la negociación al iniciar una relación, raramente se lleva a cabo.

 

            Cuando la pareja decide divorciarse debido a una infidelidad, este será un tema que será motivo de consulta, ya que desafortunadamente esta situación afecta no solo a ambos miembros de la pareja, sino a todas las personas cercanas afectivamente vinculadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA FIDELIDAD ES UNA DECISIÓN:

           

            Empecemos por mencionar que la fidelidad es algo que uno hace por su relación (o matrimonio) y no porque su pareja de lo exija. Cada uno debe limitarse a hacer aquello que no incomode a su pareja, siendo razonable esperar lo mismo del otro.

 

            La fidelidad es difícil, solo si hemos decidido concedernos libertades excepcionales, cuando la atracción por otra persona, o la ira contra nuestra pareja son muy intensos. Puede decirse entonces que la fidelidad es estar ahí donde debes estar.

 

            La sinceridad es el factor medular de la intimidad. Hasta la mentira más pequeña e insignificante puede resultar terriblemente desorientadora. Nos gusta convencernos de que, al ocultar una verdad desagradable, hacemos un favor a nuestros seres queridos. No hay verdad tan destructora como cualquier mentira.

 

 

¿QUÉ ES LA INFIDELIDAD?

 

            Entre las grandes crisis del matrimonio, la infidelidad es una de las más graves, además de ser una de las más comunes. Ésta consiste en la violación de un acuerdo que constituye el ideal aceptado por la pareja para su vida conyugal. Es una defraudación, es una violación de un convenio, es la traición de una relación, más allá de conceptos religiosos o legales.

 

            La infidelidad puede comenzar como un accidente o castigo, y convertirse en una adicción, siendo éstas últimas muy difíciles de erradicar.

 

            Ya que la infidelidad no solamente afecta y destruye a la pareja involucrada, si no que arrasa con todos los individuos cercanos afectivamente a ellos, es importante aclarar con el cónyuge lo que constituye para cada uno una infidelidad. La mayoría de las parejas acuerdan fidelidad sexual, pero algunas deciden aceptar ciertas actividades con otros individuos en determinadas ocasiones. Lo más recomendable sería, por tanto, realizar acuerdos, en los que se defina lo permitido y lo no permitido en la relación. Algunas actividades tales como: desayunar con un excónyuge o exnovio; llamar en secreto a un examante; filtrear con amigos o desconocidos; salir de noche con un compañero de trabajo; bailar toda la noche con otra pareja; salir de vacaciones por separado, etc., deben ser negociadas claramente dentro de lo que se juzga decoroso o indecoroso en la relación.

 

            Las razones para la infidelidad son variadas y no es por tanto posible generalizar; algunas veces se presentan para llamar la atención de la pareja y algunas otras como forma de venganza o para salir del hastío. Algunos cónyuges están cansados del matrimonio y no se deciden a llevar a cabo un divorcio o separación, por lo que optan por tener una aventura para romper la atadura del matrimonio, asegurarse de que tienen posibilidades de sobrevivir fuera de él, y quizás, hasta como medio de asegurar una transición fluida hacia nuevas relaciones o nupcias.

 

            Además de que la infidelidad es la fuerza disociadora más común y devastadora en las familias, es la justificación más universalmente aceptada para el divorcio. En ese momento de ruptura, uno de los esposos está enamorado de otra persona, y quiere ahora hacer pareja con el (o ella). El que se va, está emocionalmente fuera de sincronía con el resto de la familia ya que se regocija mientras los demás están en duelo. El cónyuge que no cometió la infidelidad suele ser el más desdichado, y quien por lo general absorbe la energía emocional de la familia, requiriendo su total apoyo.

 

            Cuando la pareja ha decidido divorciarse debido a una infidelidad, este será un tema tratado muchas veces en el consultorio por el cónyuge abandonado y ofendido. Buscará encontrar en el terapeuta apoyo emocional para salir adelante, reconstruirse y rehacer su vida. En caso de que existan hijos, lo más recomendable es buscar ayuda profesional para ellos también, a fin de que puedan procesar lo mejor posible el duelo por la ruptura familiar.

 

             

 

 

           

 

           

CONCLUSIONES:

 

 

            Decidir ser fiel a la pareja debe ser una opción tomada voluntariamente, sin sentirse obligado por el otro, después de negociar aquello que consideramos permitido o no permitido en la relación, y siempre con la expectativa de que ambos respetarán dichos acuerdos.

 

            Desafortunadamente casi todos tenemos conocimiento de al menos una relación de pareja (o matrimonio) disuelto por una infidelidad, dejando afectado (a) a la otra parte, y a los miembros cercanos afectivamente a ellos.

 

            Lo más recomendable en definitiva, es acudir a terapia para sobrellevar el duelo que implica la pérdida de una relación, ya que ésta implica la “muerte” de un plan juntos, de una vida juntos, que no siempre es fácil de aceptar y sobrellevar solo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

 

Eguilux L.L. (2007) El baile de la pareja. México: Pax-México

 

Pittman, F. (2003) Mentiras privadas. La infidelidad y la traición de la intimidad. B. Aires. Amorrortu

 

Diplomado en terapia infantil

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