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Trastorno ansioso – depresivo

Noemí Santillán Yáñez

Por lo general el trastorno de ansiedad es uno de los más comunes en el grueso de la población, seguido de los trastornos depresivos. Frecuentemente los casos de ansiedad son propensos a caer en depresión y viceversa, pero existen casos donde la persona presenta síntomas de ambos trastornos y es entonces donde se cataloga como Trastorno mixto ansioso-depresivo.

Según el DSM-IV existe una serie de criterios para hacer el diagnóstico para dicho trastorno:

1.- Un estado  de ánimo disfórico persistente o recurrente que tiene una duración de al menos 1 mes.  Que va acompañado de mínimo cuatro de los siguientes síntomas adicionales

  1. a) Dificultades de concentración o de memoria, trastornos del sueño, b) Fatiga o falta de energía
  2. c) Irritabilidad acusada.
  3. d) Preocupación recurrente e intensa.
  4. e) Llanto fácil, desesperanza o pesimismo ante el futuro y baja autoestima o sentimientos de inutilidad.
  5. f) Hipervigilancia, anticipación del peligro.

Estos síntomas provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad de la persona

“Un ejemplo de esto es cuando una persona busca un empleo y lo consigue pero a medida que el tiempo pasa se da cuenta de que no es posible para él adaptase al sistema en el que debe desenvolverse y le es pesado o casi imposible cumplir con las tareas asignadas.

Entonces comienza a creer que no es capaz de sacar el trabajo adelante y por su propio bien  decide renunciar. Al principio está convencido de que es por su bien, pero al paso del tiempo comienza a sentir que no encontrará un empleo y que comienza a dudar de sus habilidades, su autoestima se verá afectada y no sabrá cómo manejar su frustración. Además tendrá miedo por lo que viene para él pues su futuro es incierto. Habrá llanto y desesperanza…”

Para el tratamiento del trastorno Ansioso- depresivo Generalmente se emplea la psicoeducación, a través de la cual se explica a los pacientes las características de su problema, puede ser de gran utilidad para que comprendan qué les ocurre y que no son los únicos que lo padecen. Posteriormente se suele proceder a tratar síntomas tanto ansiosos como depresivos, utilizándose para los primeros la exposición a situaciones evitadas, entrenamientos en respiración y relajación, y técnicas de autoinstrucciones.

También es necesario que el paciente mejore su estado de ánimo. Esto puede conseguirse de diferentes maneras. La terapia de activación conductual puede resultar muy eficaz en este sentido. Se trata de que el paciente retome su nivel de actividad previo. Para ello se le insta a realizar actividades agradables, ya sea recuperando o participando en alguna nueva de manera gradual.

A nivel farmacológico se ha demostrado que la aplicación de ISRS es de utilidad para el control de los síntomas, al inhibir la recaptación de serotonina de una forma específica y combatir con éxito tanto los síntomas depresivos como ansiosos.

Se debe tener presente que de no tratar éste trastorno a tiempo puede llevar a ser crónico.

Bibliografía:

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