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LA ÉTICA DEL ROL DEL ASESOR PSICOPEDAGÓGICO

PÉREZ RAMÍREZ GABRIELA

En México el psicopedagogo ha figurado de un modo emergente y se va estableciendo paulatinamente al distinguirse de otros roles en el quehacer psicológico y educativo.

Cada vez más son las instituciones educativas que integran dentro de su cuerpo académico a los psicopedagogos, como un elemento clave, para la mejora de los procesos de enseñanza aprendizaje dentro del aula, incluso, al considerarlos como un recurso de ayuda fuera de las instituciones en consultas privadas.

El psicopedagogo como asesor tiene varias funciones dependiendo del grado de concreción en el que se encuentre inmerso. Puede ser que colabore en los dos primeros niveles de carácter organizativo y administrativo. Donde se lleva a alguna actividad de mejora ya sea en un programa o reforma en varios centros que se encuentran bajo una misma estructura para lograr uniformidad. Evaluando y diseñando materiales y métodos educativos.

También puede intervenir el asesor en el tercer nivel de concreción, en planificación dentro del aula y adaptación curricular. Realizando desde el propio centro una serie de tareas relacionadas con la mejora de procesos de enseñanza-aprendizaje, con intervención directa con profesores y alumnos.

En este nivel es donde interesa hacer hincapié en el presente escrito, pues es donde convergen de manera directa los distintos agentes educativos como profesores, padres de familia, alumnos y asesor.

Llegar a un acuerdo con los agentes antes mencionados no es tarea fácil pues influyen factores contextuales, culturales, sociales, psicológicos y afectivos los cuales deben ser considerados y mediados en favor de un mismo fin, la construcción de un sistema de apoyo en los procesos de enseñanza aprendizaje.

Por ello, ¿Qué elementos éticos debe considerar el asesor psicopedagógico para ejercer su rol?

Un primer elemento es la negociación. Es la parte donde debe convenirse entre asesor psicopedagógico y profesores qué rol asumirá cada uno. De tal manera, que no haya conflicto a la hora de asumir responsabilidades.

Un segundo elemento es que el asesor no impone una solución, sino propicia las condiciones y se implica con acción, y, sobre todo, lo más importante, que estos desarrollen las capacidades para en el futuro, y hacer frente a los problemas de manera autónoma.

Un tercer elemento es que el rol de asesor no está determinado por sus conocimientos en cuanto a contenidos, sino por la capacidad de entender el contexto psicosocial en el que se desenvuelve un grupo o individuo y así mismo generar alternativas que brinden una solución apta para las necesidades de profesores y alumnos.

Otro elemento es evitar la posición de especialista que lo sabe todo, pues asume la posición asimétrica del experto respecto a un esquema colaborativo de asesoramiento. Donde los psicopedagogos son los que “saben” y los profesores que “no saben”.

Por último, responsabilizarse del papel que se adopta. Es importante que cada uno de los agentes educativos tomen un rol para establecer lineamientos más claros sobre quien es el consultante o asesorado. No con la finalidad de establecer poder del asesor sobre el asesorado o viceversa, sino con el objetivo de converger y trabajar en conjunto.

Para este fin se hace necesaria la regulación consiente y negociada mediante pautas que deben estar previamente establecidas como:

  • Un contrato entre asesor y asesorado
  • Una descripción previa del asunto que provoca la demanda de apoyo.
  • Determinación de procedimientos y formas de trabajo.
  • El tipo de relación a establecer, indicando la actitud y el modo de proceder del asesor que se compromete a respetar la autonomía del asesorado.
  • Establecer el cómo se va a obtener la información que se van a transmitir entre ambos.
  • Garantizar la confidencialidad de la información. El hecho de exponer ante los ojos de un desconocido que puede obtener información confidencial le exige al asesor un alto grado de credibilidad que está relacionada con el poder que ejerce en una relación simétrica y no jerárquica, debe basarse en la capacidad de influencia y no en la autoridad de la posición.
  • Esta influencia no debe ser usada por el asesor ni por otros agentes educativos o administración para descalificar formas alternativas de trabajo de algunos compañeros ni para legitimar fuerzas de poder.
  • El asesor no debe presentarse como un agente neutral, debe manifestar, con franqueza sus propias posturas sociales e ideológicas, y plantearlas como debatibles. Estas características deben ser iguales en asesorado y asesor.

Bajo esta serie de características queda claro que el asesor psicopedagógico no trabaja de manera independiente, sino que está estrechamente relacionado con el asesorado, para que en conjunto y en base a fundamentos éticos construyan un servicio de apoyo que impacte en los agentes que están implicados en el proceso de enseñanza aprendizaje.

 

Referencias

Jiménez, R. A (1997). Modelos de acción psicopedagógica: entre el deseo y la realidad. Málaga, España: aljibe.

Servín, D. (2017). Diplomado en terapia de lenguaje [Material de clase]. Asociación mexicana de psicoterapia y educación. Edo. De México, México.

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