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               La comida y yo (de los filósofos Rolling Stones: I can’t get no satisfaction…).

Hoy en el trabajo, alguien me preguntó si ya había comido, respondo que sí que he comido, reflexiono, y ahora me parece la anterior una audaz, audaz afirmación si por comer entiendo el acto de entrar en contacto con los alimentos, no es necesario decir que a la siguiente pregunta de: ¿ qué comiste? me tarde más en responderla, ¡ lo había olvidado ¡.

Es sabido que en el acto de comer se disparan muchos procesos de distinta índole: que si una parte de nuestro cuerpo (estómago, boca, intestino, colon, etc.) le avisa a otra parte de nuestro cuerpo (cerebro) también distintas cosas; que si se requiere de más saliva o no, que si ya se tuvo suficiente alimento, que si se da una liberación de hormonas, que si el alto o bajo contenido de proteínas o grasas o etc., de los alimentos que consumimos dependen otros procesos como la digestión de los mismos, etc., y hablamos de nutrición y de  cantidad y calidad, y  de gasto calórico, y de sensaciones, que si de saciedad, que si de satisfacción, etc., también los médicos nos expresan que hay que tener cuidado pues podemos presentar obesidad, o anorexia, o desnutrición, o de peso óptimo , etc.

Refiriéndose a la obesidad, La parte médica también nos señala como lo dice Gómez y Alvarado (1999), que esta condición es: un desorden   en el que intervienen muchos factores entre ellos los genéticos, los neurológicos, los metabólicos, los cognitivos, los psicológicos, los ambientales, y los de comportamiento; nos muestran que :

“Los diferentes eventos que culminan con la sensación de saciedad, son el efecto de la nutrición del individuo ejerce sobre el sistema biológico y por lo tanto sobre las sensaciones y sentimientos asociados a la ingesta de alimentos”.

Dándonos a saber que existe una relación entre nutrición y sensación de saciedad.

En cuanto al elemento más psicológico, creo que cuando comemos también suceden muchas cosas; en un desorden alimenticio es posible intuir el papel que tienen los simbolismos que a veces asignamos a los alimentos, por poner un ejemplo, algunas corrientes psicoterapéuticas (Psicoanalítica, Psicodinámica, etc.) plantean que algunas personas asignan  a estos  un significado afectivo (que ellos son equivalentes al afecto), entenderíamos cierta razón por la cual una persona se involucra afanosamente, en conseguir alimentos, como lo haría con el afecto por ser este también una necesidad vital. Así es que se asocia que la relación que tengamos con los alimentos puede tener que ver, entre otras,  con la necesidad de afecto, desde este fundamento es que se puede interpretar que una persona que come en exceso – y que quizá por ende presente obesidad -, quizá tenga la idea de : “como así, porque temo que lo que es para mí ( el afecto) se acabe” y en un caso opuesto donde no hay una aceptación de los alimentos quizá la idea de esta persona sea “como así (poco), porque temo que esto que viene de afuera me transforme de una forma que no quiero”. Sea como sea, quién lo vive probablemente queda con una carga de culpa.

Se puede decir que cuando comemos deshacemos alimentos, estamos buscando incorporar nutrientes que necesitamos “dentro”, partimos de una necesidad (alimentarnos), y quizá de una sensación específica: el hambre, también sucede,  como lo señala F. Perls:

“Hay alimentos allá afuera: yo quiero esta comida quiero hacerla igual a mí. Me tiene que gustar esta comida. Si no me gusta, si es desigual a mí, no la pruebo, la dejo fuera de la frontera. Algo tiene que ocurrir para atravesar esta frontera,  y esto es lo que llamamos contacto.”(pp.23).

A parte de permitirnos expandir o no nuestras fronteras, en el acto de comer, como muchas experiencias del ser humano, se nos brindan una posibilidad de contacto, y relacionado con el concepto de contacto, algunos autores nos señalan que existe un proceso por algunos denominado “ciclo de la experiencia”, como se presenta en el manual de la AMPSIE, este,  está conformado por una secuencia de fases de las cuales una es conocida como fase de contacto y la subsecuente fase de retiro, nos muestran que cuando se da un contacto real, total, genuino, etc., casi por definición, vendría una sensación de satisfacción que, por ende, cuando se presenta cierra o completa la necesidad de la que se  partió ; creo que si hemos tenido un contacto genuino, total, etc. con los alimentos llegaremos a la fase en la que se da la satisfacción y de ahí progresaremos a la fase de “retiro” en la que aunque en el afuera continúen existiendo alimentos y/o aunque alguna persona nos siga ofreciendo más alimentos nosotros nos retiraremos o retiraremos el estímulo (alimento), estamos saciados, ya no tendremos hambre. Se nos muestra que en este proceso existen interrupciones que desembocan en que, en un momento dado, no arribemos a un contacto y nos quedemos insatisfechos, con todas las implicaciones que esto conlleva. Considero que cuando se presenta algún trastorno en el comer, un trastorno alimenticio, o un desorden alimenticio, como queramos denominarlo, sucede una interrupción, también en el proceso del “ciclo de la experiencia”.

Es frecuente que dados los estilos de vida actuales, el tiempo de comer, paradójicamente, no necesariamente sea un tiempo en el que entremos en contacto genuino con los alimentos, debido a las interrupciones en las que hay o no un “darse cuenta”, así por ejemplo, cuando estamos comiendo, no es raro que estemos realizando al mismo tiempo, mil y un actividades distintas, ya estamos revisando nuestro teléfono celular, o viendo al televisor; nos dicen también que a veces la carencia de nutrición completa a partir de los alimentos se relaciona con que a veces no realizamos adecuadamente el tan arcaico acto de masticar, quizá porque estamos de prisa y no podemos darnos el lujo de masticar el bocado más de tres veces para luego pasar a deglutirlo. Lo tragamos tan rápido que por ello no es raro que nuestras papilas y nuestra memoria no alcancen a recordar que guiso fue el que comimos.

Otros nos interrumpimos porque seguimos trabajando, pues quizá, como introyecto presentamos la idea de que no debemos dedicar tanto tiempo al acto de comer, pues hay actividades más importantes o urgentes, que nos esperan, y aquí quizá existe un engaño producto de una cultura o sistema ideológico, pues, considerando que, como afirma Perls, si el organismo humano tiene un sistema en equilibrio:

“Desde el punto de vista de la supervivencia, la situación más urgente es la que se convierte en controlador, el director (de la acción)…La situación más urgente surge, y en el caso de una emergencia uno se da cuenta que esta tiene una preminencia sobre cualquier otra actividad”.

Cuando uno tiene hambre ¿qué  será lo más urgente, comer o trabajar?. Pero ¿será que los hombres modernos confundimos lo urgente con lo que no lo es, y esto no sólo en el ámbito de la alimentación ?.

BIBLIOGRAFIA:

Manual de Asociación Mexicana de Psicoterapia y la Educación A.C., Módulo 5, Abordaje Psicoterapéutico de las adicciones. 2018.

GOMEZ, G y ALVARADO, M. Obesidad y mecanismos reguladores del apetito, Rev. med. Hosp. Nac. Niños (Costa Rica)  on line. 1999, vol.34, Suppl. Citado 18-03-18, pp. 139-144.

Disponible en http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s1017-85461999000100016

FRITZ, P. 2003, Sueños y existencia, editorial Cuatro vientos, Santiago de Chile.

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