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Filosofía de la Gestalt: Vamos a filosofar

Eva Sevilla Quintana

INTRODUCCIÓN:

Encontrar elementos que sustenten un concepto propio de Filosofía Gestalt, no es tarea sencilla. Información de filosofía hay mucha, información de Gestalt también, sin embargo de Filosofía Gestalt, no hay; apenas se está construyendo. Sin embargo hay  elementos sólidos que pueden retomarse para darle ese sustento.

Sin conocer el término como tal,  ya se vivía la Filosofía Gestalt, no es necesario esperar que llegue alguien como Sigmund Freud que retomó siglos de historia y de investigaciones,  como la concepción que tenía Aristóteles de la mujer; al decir que la mujer “es un varón fallido, en un estado de adolescencia” y de ahí  Freud, crea  su Teoría de la Sexualidad.

DESARROLLO:

Sócrates nació en Atenas el año 470 – 399 a. C. de una familia, al parecer, de clase media. Su padre era escultor y su madre comadrona, lo que ha dado lugar a alguna comparación entre el oficio de su madre y la actividad filosófica de Sócrates. Los primeros años de la vida de Sócrates coinciden, pues, con el período de esplendor de la sofística en Atenas.

El interés de la reflexión filosófica se centraba entonces en torno al ser humano y la sociedad, abandonando el predominio del interés por el estudio de la naturaleza. Probablemente Sócrates se haya iniciado en la filosofía estudiando los sistemas de Empédocles, Diógenes de Apolonia y Anaxágoras, entre otros. Pero pronto orientó sus investigaciones hacia los temas más propios de la sofística. A Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates.

Dicho método constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica:

En la primera fase el objetivo fundamental es, a través del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar la verdad.

La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa definición universal, ese modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. La dialéctica socrática irá progresando desde definiciones más incompletas o menos adecuadas a definiciones más completas o más adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Es posible que la dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos como algo irritante, desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta definición universal que se buscaba.

Pirrón de Elis (360-270)  máximo representante del escepticismo en la antigüedad. Se estima que su filosofía era una reacción contra el dogmatismo de otras escuelas filosóficas: si la filosofía se origina en la búsqueda, el filósofo dogmático luego considera que ha hallado la verdad, mientras que el escéptico opta por quedarse con la búsqueda y afirma que es imposible encontrar una verdad definitiva. Su indagación consiste en intentar destruir permanentemente los argumentos de los dogmáticos.  Según Pirrón todas nuestras percepciones son relativas ya que solo nos retratan la realidad tal como “aparecen” filtradas por nuestros sentidos.

Dado que la información que nos llega a través de los sentidos es aparente, no hay ninguna razón para afirmar que una aserción es más verdadera que la contraria. La única postura coherente será pues, suspender el juicio (epoché) y no decir nada (aphasía). Al suspender el juicio sucede la reducción fenomenológica, como siglos más adelante señalará Edmund Husserl.

Edmund Husserl (1859-1938), consideraba que debía hacerse una teoría del conocimiento puramente conceptual: por lo tanto, no podía utilizarse ni uno sólo de los conocimientos ya constituidos.

Así como Pirrón en su tiempo se opuso al dogmatismo, HusserI se opuso tanto al intelectualismo idealista como al empirismo naturalista. La fenomenología, no es conocimiento en sentido verdadero, sino un mirar espiritual, una intuición (Quitmann, 1989). Sostiene que la intuición inmediata es necesaria para alcanzar la certeza, la cual a su vez sería de naturaleza distinta a la analítica; es una certeza sin garantías donde el objeto simplemente es tal y como se nos presenta.

Una visión fenomenológica de la realidad implica una mirada en el aquí-ahora; es una observación atenta sobre el fenómeno (donde el fenómeno observado es inseparable del observador).

La fenomenología propone una exploración imparcial de la conciencia y la experiencia. “Los fenómenos son intuidos, analizados, y descritos tal como aparecen en la conciencia sin ninguna idea preconcebida. La fenomenología insta a las personas a distanciarse de su forma usual de pensar, y a apreciar la diferencia entre lo que se está percibiendo y sintiendo realmente en el momento, y lo que es residuo del pasado. Giannini (1985).

Fenomenología significa la exigencia de ir a las cosas mismas. Pretende fundar una filosofía que parta de la experiencia pura.

  • El fenómeno se aborda desde el paradigma de la visualización.
  • Lo dado no debe ser explicado, pues la explicación es en realidad reducción.
  • La fenomenología ha de ser imparcial y descriptiva.
  • Delimita como ámbito para su análisis la conciencia y su intencionalidad.

Ese es el sentido que tiene la epojé (suspensión del juicio) o reducción fenomenológica. Para poder estudiar las vivencias en cuanto tales, hay que modificar nuestro modo ordinario de vivirlas. Husserl describe este modo ordinario o actitud natural como un directo e ingenuo apuntar de la conciencia al mundo y a sus objetos, como una atención y un interés en ellos. La actitud natural está cargada de interpretaciones admitidas tácitamente como válidas, de prejuicios, de intelectualizaciones confusas que conducen a faltas de entendimiento. El resultado de la epojé fenomenológica es que nuestra atención se desplaza a los objetos al modo de darse esos objetos en la conciencia, a los fenómenos en sentido fenomenológico.

Entonces el fenomenólogo sólo aceptará como fenómenos válidos aquellos que estén dados originariamente, y que son la base para toda interpretación e intelectualización posterior. “No hay teoría concebida capaz de hacernos errar respecto al principio de todos los principios: que toda intuición en que se da algo originariamente es un fundamento de derecho del conocimiento; que todo lo que se nos brinda originariamente (por decirlo así, en su realidad corpórea) en la intuición, hay que tomarlo simplemente como se da, pero también sólo dentro de los límites en que se da.” Para Husserl, la filosofía tiene que apoyarse en las intuiciones más primordiales de nuestra vida: “Las intuiciones que únicamente pudieran ser vivificadas por impresiones remotas e imprecisas, inauténticas -y en el supuesto de que se tratara realmente de unas intuiciones- no podrían satisfacernos. Nosotros queremos volver a las cosas mismas.” (Investigaciones lógicas). Este volver a las cosas mismas se convirtió en un lema repetido de la fenomenología.

Tras la epojé o reducción fenomenológica -que nos han colocado plenamente en el terreno de partida de la subjetividad- viene la reducción eidética. Husserl se aparta del empirismo al defender que hay una verdadera intuición de esencias. “Una intuición empírica e individual puede convertirse en intuición esencial (ideación) -posibilidad que por su parte no debe considerarse como empírica, sino como esencial. Lo intuido en este caso es la correspondiente esencia pura o eidos, sea la suma categoría, sea una división de la misma hasta descender a la plena concreción” La fenomenología queda ahora definida más estrictamente como la descripción eidética de la vida trascendental del yo. Por vida trascendental del yo entenderemos el conjunto de vivencias o fenómenos originarios que, como datos absolutos a toda posición de trascendencia, hacen posible la apertura de la conciencia a un mundo. Se trata de apresar el origen último de todo posible sentido y validez de ser.

Partiendo de la esencia intuitivamente aprehensible del conocimiento -que es la apertura intencional de un sujeto a un objeto presente-, y a la luz de ella, tenemos que reexaminar nuestros conceptos tanto de la realidad del sujeto como de la realidad del objeto o mundo. Todos los conceptos, incluyendo los que Kant llamaba conceptos puros, han de encontrar su sentido originario en una subjetividad trascendental, de la que parte toda concepción, tanto del mundo como de uno mismo. Esta es la reducción trascendental, por la que Husserl accedía a su peculiar idealismo fenomenológico.

La concepción «gestaltista» ligada a los nombres de Max Wertheimer, Wolfgang Koehler y Kurt Koffka, es una corriente particular dentro de aquella más general y surgida en las últimas décadas que se opone a la interpretación atomista y mecanicista y ahínca en la importancia del «todo» frente a las «partes”.

Lo que se quiere expresar por el término «Gestalt» es una «especie» de «todos» más particularmente dicho, una especie de «todos existenciales». Designamos como «todo existencial» cualquier «unidad» finita y limitada que contenga «partes» más o menos independientes, y que se da en la realidad temporal o espacio-temporal.

La palabra «Gestalt» tiene varías acepciones. Según el ya antiguo diccionario de M. Heyne («Deutsches Woerterbuch», Leipzig, 1890) significa:

1) cualidad o esencia de un objeto, sentido;

2) apariencia, índole, con particular ahínco en cómo algo se ve y se percibe. De aquí deriva un tercer sentido:

3) forma, figura externa de una persona o cosa. El término designa tanto la forma externa, como la estructura interna de un objeto.

Podemos incluso decir cuándo y en qué caso lo que son «objetos distintos, y que acaso aparecen como distintos, pueden «cobrar» el carácter de una «Gestalt», una «configuración»: cuando los elementos son semejantes, cuando están cercanos uno al otro, cuando tienen el mismo «destino» (por ejemplo: cuando se mueven juntos  respecto a otros elementos que no comparten el movimiento) –para no mencionar más que tres de las «leyes de organización» de Wertheimer.

La definición más general de «Gestalt» es la que da Wertheimer, «Hay conexiones, en las cuales lo que ocurre en el todo no se deriva de cómo son y cómo se componen los pedazos individuales, sino, al revés, donde –en el caso más destacado– lo que ocurre en una parte de este todo se determina por las leyes estructurales de este todo».

«En el caso más destacado» indica que «Gestalt» es aquí un «tipo ideal» un «concepto límite» que no suele realizarse enteramente en la realidad. Como lo dice el mismo Wertheimer: «Lo dado es configurado (gestalten) en mayor o menor grado.

Kurt Koffka explica: «hemos sacado el concepto de Gestalt… de la misma observación del estado de hecho fenoménico, intentando tan sólo describir, sin prejuicios, este estado de hecho.»  Explica Koehler: «Fenoménicamente, el mundo no es ni un mosaico indiferente, ni un continuo indiferenciado. Manifiesta unidades definidamente segregadas, conexiones de la más variada complejidad, articulación y claridad.

Se comprende, pues, que la «Gestalt» tiende a hacerse «filosofía» y que Koffka pueda definir el concepto «Gestalt» del modo siguiente:

«El término Gestalt es un breve nombre para una categoría del pensar, comparable a otras categorías generales como sustancia, causalidad, función”. «En cada caso debemos plantearnos el problema en términos del todo y no partiendo de las partes; tenemos que enfocar los capítulos de la historia como acontecimientos en la vida de la sociedad y no en la existencia de uno de sus miembros particulares.

La Filosofía Gestalt debe surgir ante los cambios de valores que estamos viviendo cada día, causados por la globalización, la cual al tratar de concebir la realidad inmediata como una sociedad planetaria, más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio-económicas o culturales diferentes; produce, en el ser humano, una desvirtualización y desindividualización, que repercuten en una pérdida del sentido de la vida y un sentimiento de vacío. (Esteve, 2007)

Para la filosofía, una figura elemental radica en la pregunta ¿qué hago aquí? El ser humano intenta darle un significado a su vida y ante la incapacidad de hacerlo surge la angustia debido a que somos los únicos seres que tenemos conciencia de nuestra existencia y el fin de la misma. Intentar definir la Filosofía Gestalt se torna complicado porque la filosofía misma pretende definir al ser humano, entonces ¿cómo la Gestalt puede crear una definición de ser humano?, sin embargo en este ensayo se ha trabajado la parte fundamental para hallar puntos que ayuden a encontrar dicha definición. He hablado de lo humano y de la relación que mantiene con la Filosofía Gestalt.

La Gestalt es flexible y posee capacidades infinitas; entiende la vida como un conjunto de relaciones interdependientes que son parte de procesos con principio y fin, en la cual, la conciencia -el darse cuenta-, guía los pasos hacia la trascendencia contactando con las emociones e integrando un todo.
El ser humano durante toda su vida lleva a cabo series innumerables de procesos, desde biológicos, psicológicos y sociales.  La Filosofía Gestalt se puede definir como una doctrina filosófica que favorece el cierre de los procesos biopsicosociales del ser humano internalizando valores, y vivenciando lo obvio del aquí y el ahora para promover su darse cuenta.

CONCLUSIÓN

Desde que surge la filosofía con los griegos,  se inicia la historia de la Filosofía Gestalt,  aunque no se distinga por ese nombre, Sócrates con la Mayéutica, cuando buscaba que sus interlocutores se dieran cuenta de su propia ignorancia, está tomando como base la experiencia individual y el darse cuenta. Pirrón decía que  todas nuestras percepciones son relativas ya que solo nos retratan la realidad tal como “aparecen” filtradas por nuestros sentidos. Dado que la información que nos llega a través de los sentidos es aparente y dice que hay que suspender el juicio es posible construir la experiencia propia.  Las teorías contemporáneas toman todos los elementos que ya habían mencionado Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles y Pirrón entre otros, Kierkegaard pone los pilares para la filosofía existencialista, Husserl retoma de Pirrón el concepto de epoje y más adelante Heidegger.

La Filosofía Gestalt,  tiene un fuerte arraigo existencialista, ya que considera la premisa de que el individuo es incapaz por principio de conocer el mundo a través de los demás, sino que es a través de sus experiencias, de su forma de ir interpretando la realidad, es como se puede crecer. Comparte además el hecho de que las personas muchas veces solo pueden acompañarse en la vida, la experiencia individual es la más importante,  le da mucho peso a la experiencia personal.

Por deducción, una tarea importante de la Filosofía Gestalt residiría en fomentar que cada individuo encuentre su propia forma de trascender, sea cual fuere, respetando la individualidad. Cada quien va a decidir cuál  será el correcto siempre y cuando su sentir, pensar y actuar sean coherentes y congruentes con el sentido común.

Bibliografía

  • Heidegger M, (2009) Ser y Tiempo, Trotta (traducción de Jorge Eduardo Rivera C.)
  • Husserl E, (1959) Fenomenología de la Conciencia del Tiempo Inmanente, Editado por Martin Heidegger,  (1959) Trad. de Otto E. Langfelder, Nova, Buenos Aires.
  • Löwith K, (2006) Heidegger: Pensador de un tiempo indigente, FCE.
  • Safranski R, (2003) Un maestro de Alemania: Martin Heidegger y su tiempo, Tusquets
  • Steiner G, (2009) Heidegger, FCE.

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