El acompañamiento humano como función en el aprendizaje

Lizbeth Granjeno Alcantar

 

Desde hace varios años se le ha dado al aprendizaje un lugar especial como parte del desarrollo en la vida del ser humano, aunque se nace con una predisposición genética que quizá nos limite, aun invariablemente hay una modificación por medio del contexto a través del proceso de aprendizaje.

Todos nos encontramos inmersos en ambos roles como aprendices y enseñadores, en cualquier lugar que tocamos, en cualquier momento, independientemente de las capacidades físicas, psicológicas y sociales, estamos en continua reafirmación o en el mejor de los casos en descubrimiento del conocimiento.

Es preciso mencionar que el aprendizaje como ya lo marque en otro momento es un proceso y que es aplicable en todo momento que requiere de una constante remarcación de fases iniciando por el conocimiento por ello me refiero a toda la información que podamos adquirir mediante los procesos cognitivos, sin embargo si nos quedamos ahí, perderíamos información que en un futuro resultase útil, es entonces que se introduce el reconocimiento, pieza fundamental para un cambio gigantesco, pues bien entran de manera íntegra muchos factores uno de ellos es nuestra personalidad que nos hace únicos y especiales, la comunicación aliada de la retroalimentación que permite tener una depuración de toda la información captada para generar una concepción significante, si bien subjetiva, pero que solo nos es funcional de primer momento a nosotros mismos para generar un cambio en nuestra manera de pensar, de comportarnos, de sentir, gracias a información previa, a experiencias y también a nuestra genética que permite decodificar todo para vivir lo mejor posible en equilibrio, pero no queda ahí, pues la elaboración es la fase final y llegar a ello no es una tarea fácil, pues implica analizar, agradecer, soltar conocimiento que en algún momento te funciono y ahora ya no, y reconstruir un camino quizá con nuevos objetivos, nuevos sueños, ya que siempre estamos en continuo cambio en tiempo y espacio.

Siendo así que podemos optimizar la inteligencia emocional y cognitiva, la creatividad y espontaneidad para nuevas formas de solucionar adversidades de la vida cotidiana como escolar, familiar, laboral y social.

Viendo desde afuera, se ha podido observar que para que un aprendizaje sea positivo, a largo plazo y significativo para la persona requiere de algo único, el acompañamiento. Sin embargo no es cosa sencilla. Pues requiere por parte del acompañante una formación humana, social y quizá profesional, no quiere decir que solo los profesionales pueden realizarlo, pues es aquí donde invito a que cualquiera puede enseñar, siempre y cuando se haga cargo de la responsabilidad que le corresponde como enseñante y dejar en claro la responsabilidad que le toca al aprendiz.

Acompañar no significa hacer todo por la persona que aprende o dejar lo que se le venga en gana, para ello está el acompañador para modular, para aclarar, para reconocer lo que le sale bien, y lo que falta por desarrollar, para empatizar con otros, para que eso que está aprendiendo lo comparta y a su vez lo asuma como suyo, etc.

Un acompañamiento debe contar con un toque de ternura, sin embargo no caer en la sobre protección, porque ese aprendiz querrá escapar no importando que tan necesario o interesante sea lo que valla a aprender. La ternura, se expresa no necesariamente con palabras, es la postura que tiene el acompañante, me refiero a la espontaneidad de acercamiento, de aproximación al otro, que esto permite un contacto cálido, humano, una mirada de aceptación, de contener aquellas recaídas que lleguen a entorpecer el camino de la enseñanza para abrir puertas de todas las formas y colores que hay, y que esto le va a dar la seguridad y confianza que requiere el aprendiz para continuar en el camino del aprendizaje, que pueda enseñar a otros, que se propague, no haciendo lo mismo, pero si con esa huella, acompañar.

Quizá en este camino del acompañamiento el aprendiz en ese trayecto te valla soltando y lo mires desde lejos como sigue creciendo en todos los sentidos y es donde sabes que tu rol como acompañante también cuenta con una limitante, no quiero decir que sea un adiós, sino un hasta pronto, porque quizá regrese y no siempre como aprendiz, también como acompañante. Es aquí donde llego a la conclusión que algo hiciste bien

Se tiene un paradigma limitado que solo los grandes, me refiero a la edad son los que deben enseñar, pues bien, también se puede aprender de alguien menor, solo que para ser acompañante, se requiere que el otro se lo permita. Es decir que podemos enseñar o aprender observando, escuchando, palpando, sin embargo no hay retroalimentación y para ello se requiere de la comunicación, de reconocer a otro como sujeto, como humano.

Entonces con ello podemos ampliar a diferentes roles el acompañamiento, es decir, que un padre de familia, una madre de familia, un vecino, un amigo, un hermano, un esposo o esposa, un hijo, no excluyo a colegas, profesores, maestros, instructores, sin embargo parecería que solo ellos puede enseñar, no es así, hay muchas cosas que se pueden aprender, como el cocinar de una madre o padre a un hijo o hija, el manipular un dispositivo electrónico de un hijo o hija a un padre o madre o quizá un abuelo, o de alguien que se encuentra al otro lado del mundo tu cultura, en fin hay tantas cosas.

El acompañar a un ser humano en el transcurso del aprendizaje, trae consigo grandes recompensas como la satisfacción de cumplir con una misión quizá de vida, dejar algo tuyo para siempre. Una autorrealización.

Por tanto, el aprendizaje nos lleva a la experiencia, sin embargo si es continuo y retroalimentado permite vivenciar de manera íntegra, de manera creativa y libre para llegar a alcanzar la sabiduría.

En esta práctica se pueden introducir estrategias que no sean muy elaboradas, tan solo el escuchar al otro, estas empleando una estrategia, sondearlo para saber su experiencia previa similar al actual contexto, o bien introducirlo en el contexto usando todos los recursos como el lenguaje verbal que contenga asertividad, la corporalidad para que pueda vivenciarlo de una manera única. Siempre respetando al otro, sin dejar de ser tú mismo.

Es importante aclarar que para ser enseñante se requiere de un aprendiz que engrane con una necesidad, puesto que no basta con contar con un conocimiento y experiencia, pues bien, el aprendiz debe contar con una necesidad y de parte del rol de enseñante despierte el interés para el aprendizaje o bien para mejorarlo.

Me permito expresar que esto podría ser un gran paso a la evolución del ser humano, que  genere un cambio a largo plazo.

Bibliografias

Dale H Schunk, Teorías del aprendizaje: Una perspectiva educativa, Pearson Education, México, 2012.

  1. Tunnermann B, Panorama general sobre la filosofía de la educación, Hispamer, Nicaragua, 2008

Umberto Galimberti, Diccionario de psicología, Siglo Veintiuno, México, 2002

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