¿Qué tanto amamos? Una guía para observar el amor hacia los demás a través de nuestros actos y pensamientos

¿Qué tanto amamos? Una guía para observar el amor hacia los demás a través de nuestros actos y pensamientos

por Lili Hernández Romero

 

por Lili Hernández Romero

Tendemos a creer que el amor es un sentimiento y por lo tanto le atribuimos generalmente un sentido subjetivo. El autor Chileno Maturana, sin embargo, define el amor como “el dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia con uno” (Maturana 1991, 239). La definición anterior significa que al amor es algo que podemos mirar en término de acciones y que por lo tanto es palpable en más de una forma. De acuerdo con esto, podemos analizar nuestro amor hacia los demás a través de las acciones que tienen lugar en nuestra convivencia con ellos. Esta idea nos lleva a cuestionarnos, ¿en qué grado mis acciones constituyen al otro como un legítimo otro en su convivencia conmigo?

Veamos por principio de cuentas, ¿qué significa constituir al otro como un legítimo otro en su convivencia con uno? La palabra legitimidad tiene que ver con autenticidad y verdad. Se podría decir que el amor, de acuerdo con Maturana, puede ser mirado en función del grado en que nuestras acciones demuestran nuestra validación, aceptación y respeto hacia el otro como un ser genuino y verdadero. Así, dichas acciones pueden considerarse como acciones amorosas.

Existen una infinidad de acciones amorosas. A continuación, propongo algunas de ellas, las cuales representan sólo una base para dar respuesta a la pregunta que nos planteamos antes, ¿en qué grado mis acciones constituyen al otro como un legítimo otro en su convivencia conmigo? Sugiero asimismo, en cada caso, una afirmación que puede actuar como recordatorio para confrontar pensamientos contrarios al amor. Como lo sugiere Louise Hay, ‘cada uno de nosotros creamos nuestras experiencias a través de nuestros pensamientos y sentimientos. Lo que pensamos y las palabras que pronunciamos crean nuestras experiencias’ (Hay, L. 1991, 17). Mi propuesta es que en la medida en que nos demos cuenta de que ciertas acciones son contrarias al amor, podemos escoger ciertos pensamientos que nos ayuden a cambiar dichos patrones mentales y sus subsecuentes acciones.

Algunas de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en su convivencia con uno son las siguientes:

 

  1. Escuchar al otro estando cien por ciento presente. Nuestra mente tiende a divagar. En muchas ocasiones escuchamos al otro conectando lo suyo con lo nuestro, estableciendo comparaciones, trayendo nuestros recuerdos y expectativas al momento en el que el otro nos habla. Escuchar al otro, estando cien por ciento presente, consiste en estar allí para esa persona sin la intervención de pensamientos que nos coloquen a nosotros en el centro de la interacción. Es permitir que el otro ocupe completamente nuestro presente. Una afirmación positiva para reforzar este acto amoroso puede ser, ‘te escucho con amor, te entrego toda mi escucha en el momento presente, con amor
  2. Comprender que el otro siempre habla desde su verdad. Los actos amorosos demuestran que aceptamos la verdad del otro como una verdad legitima, sin importar el grado en que su verdad difiera de la nuestra. Aquí podemos repetir, ‘te amo y te acepto tal y como eres. Recibo tu verdad y todo está bien.
  3. No juzgar al otro desde nuestra verdad. Tendemos a juzgar de acuerdo con nuestras creencias, ideales y valores. Esto nos impide constituir al otro como un legítimo otro a través de sus propias creencias, ideales y valores. Una afirmación que nos puede apoyar a vivir este acto amoroso es decir, ‘no te califico ni te clasifico de acuerdo con mi criterio. Acepto tu verdad como auténtica. Te amo y te acepto’
  4. Aceptar al otro como un ser genuino, con debilidades y fortalezas. Sabemos que como seres humanos todos tenemos debilidades y fortalezas. Si tenemos la tendencia a mirar en el otro, prioritariamente, uno de estos componentes –o todas sus fortalezas (idealizar al otro) o todas sus debilidades (degradar al otro) – significa que a través de nuestros actos no estamos constituyendo al otro como un legítimo ser humano. Aquí puede ser útil repetir, ‘tus fortalezas y debilidades son lo que te hacen ser tú. Gracias por ofrecerme tanto tus fortalezas como tus debilidades. Te amo y te acepto tal y como eres.
  5. Darle al otro la libertad de ser, de la misma manera en que nosotros nos permitimos ser. Una afirmación que puede apoyarnos en este acto de amor es repetir, ‘en la medida en que yo tengo la libertad de ser, asimismo tú eres libre para ser tú. Te amo y te acepto.
  6. Perdonar nuestras expectativas como algo que es nuestro en lugar de imponerlas en el otro. Nuestras expectativas pertenecen al dominio de nuestro ser interior. El otro no tiene por qué cumplir con éstas porque no le pertenecen. Perdonar nuestras expectativas es un camino hacia la reconciliación con nosotros mismos y con el otro (Hernández-Romero, 2017, 124). Una afirmación de utilidad puede ser, ‘perdono mis expectativas de que tú seas [poner aquí el contenido de nuestras expectativas hacia el otro] porque esas expectativas son mías. Me perdono a mí mismo por tener dichas expectativas. Todo está bien.
  7. Evitar la dualidad: ‘yo estoy bien, tú estás mal’ y el opuesto ‘tú estás bien, yo estoy mal.’ Aceptar que somos una mezcla de tonalidades y grises y que en todo hay una parte de bien y mal. Una afirmación que nos puede ayudar a recordar esto es, ‘tú estás bien, yo estoy bien. Todo está bien.
  8. Validar las emociones del otro, aceptar dichas emociones y apoyarlo en la sana expresión de las mismas. Algo que podemos repetirnos, para apoyar este acto amoroso es, ‘no hay nada de malo en sentir. De la misma manera en que valido mis propias emociones y mi derecho a sentir, asimismo acepto tus emociones y el derecho que tienes a sentir lo que sientes. Todo está bien.

 

Todos estos actos amorosos no son posibles si no van precedidos, y a la vez acompañados, por el amor a uno mismo, el cual puede entenderse como ‘las acciones que nos constituyen a cada uno como un legítimo otro en y a través de nuestra existencia’ (ibid. 191). El amor a uno mismo conlleva necesariamente acciones de convivencia con los demás y, por lo tanto, pone de manifiesto tanto la legitimidad del otro como la nuestra.

 

Referencias:

Hay, L. (1991). Tú Puedes Sanar tu Vida. Ciudad de México: Diana.

Hernández-Romero, L. (2017). Re-evaluating Creativity: the Individual, Society and Education. New York: Palgrave.

Maturana, Humberto R. (1991). El Sentido de lo Humano. Santiago de Chile: Dolmen Ediciones.

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