“MUJER Y ADICCIÓN”

“MUJER Y ADICCIÓN”

Norma Jessica Olarra Acero

 

“La ausencia de un análisis sistemático de cómo el género afectaba al consumo y, más concretamente, cómo las mujeres con abuso o dependencia a sustancias psicoactivas sentían y percibían, y las específicas consecuencias que ello producía en su entorno, provocó una parcial ocultación de la situación de la mujer consumidora.”

 En un dialogo entre amigas, con hijos adolescentes se llegó a escuchar en la mesa contigua de un restaurante de comida rápida: “Mis hijos no lo saben, pero si no tomo pastillas no logro dormir, y si tomo pastillas no logro concentrarme en el trabajo.”

  • ”No sé qué me pasa, tal vez sea el estrés.”

Socialmente existe una valoración muy negativa de las mujeres que presentan algún tipo de adicción, es como si se pensara que las adicciones son más permitidas entre el género masculino que en el femenino, por alguna razón sociocultural se hace esta distinción; en un antiguo artículo de una revista de Alcohólicos Anónimos, se menciona la fuerte preocupación de la ausencia femenina en sus grupos, es hasta 1938 que apareció la primera mujer dentro de sus filas. En México, en 1946 se conforma el primer grupo de AA con una mujer en el mismo. Para 1964, en los Estados Unidos se había formado el primer grupo de mujeres, mismo que años después se desintegró por las fuertes críticas e injurias que enfrentaban aún de otros adictos varones. En la actualidad, las cosas han cambiado y las mujeres se han enfilado en los grupos de AA, la mujer busca ayuda en la instancia médica, psiquiátrica, psicológica y de los grupos de apoyo para aliviar el sufrimiento y la adicción misma. Lo notable es, que la búsqueda de ayuda no se limita a la adicción al alcohol, sino a una gama más amplía de adicciones, sin embargo, y a pesar de esta apertura a la búsqueda de ayuda, aún resulta difícil para muchas mujeres y sus familias reconocer la existencia de una adicción de cualquier tipo.

A simple vista, podemos identificar que las mujeres acuden con más frecuencia a los servicios de salud, para atención de ellas mismas y de sus hijos.  En algunos de estos casos, se ha gestado la necesidad de los psicofármacos para aliviar las consecuencias físicas de heridas emocionales. Esta “sutil” dependencia minimiza el estigma social que sufre la mujer adicta al alcohol o a las drogas no legalizadas, tal es el caso de una mujer alcohólica quien en su visita al médico expresa, que siente que ha cambiado su adicción.

– “He sustituido la adicción del alcohol por la adicción a los calmantes.”

– “Claro que no,” le dijo el doctor. “El medicamento se lo estoy recetando yo”

La mujer se fue tranquilamente a su casa con una nueva receta en mano.

Este ejemplo ilustra el hecho de que de una adicción se puede transitar a otra, lo que tranquiliza a esta mujer es la prescripción médica que justifica su adicción. Por lo tanto, la imagen de la mujer en la mente del esposo o de los hijos y de ella misma no es asociable a ningún problema adictivo, y más aun, es probable que la familia se sintiera satisfecha con el hecho que ella hubiese dejado de beber.

Algunas mujeres adictas a los fármacos son hábiles para obtener de la instancia médica las pastillas que sostienen su adicción. En este entendido, los médicos asumen la responsabilidad y proporcionan tratamientos asertivos que no generan adicción, a la vez se vinculan con grupos de auto ayuda y con otros profesionales de la salud como psicólogos, psiquiatras y neurólogos, entre otros. No obstante, muchas mujeres se prescriben fármacos para “sentirse mejor”, mejoría que solamente es pasajera, pero que le permite funcionar socialmente y no ser estigmatizada o nombrada “adicta”; esta forma parece ser socialmente aceptable, pero conlleva el mismo sufrimiento interno de cualquier adicción, y con ello graves consecuencias.

Las demandas de la vida actual, las exigencias en el ámbito de lo familiar y cada vez más de lo laboral aunado a la experiencia de vida y a la rutinaria diaria con bajos satisfactores pueden ser desencadenantes de una sutil adicción. El contexto social en donde la mujer se siente en continuamente amenazada asociada a factores económicos y familiares pueden impactar de manera negativa, más aún si el constructo socioemocional, la identidad y fortaleza yoica están disminuidas, la pérdida de sentido de vida predispone a las adicciones. Todo esto va más allá de la fuerza de voluntad para salir adelante. La prevención de las adicciones no implica únicamente tener información, lo cual ya en sí mismo es importante, se requiere que las familias apoyen a las niñas y jóvenes para que construyan una identidad fuerte, que sean capaces de valorarse así mismas y manejen una escala de valores intrínsecos y principios fundamentales de aprecio a la vida y a su ser, y con ello poder enfrentar las demandas externas e internas y dar coherencia y sentido a su vida.  Es importante que la mujer deje de esconderse, pues la adicción se asocia a estados emocionales tan fuertes que no encuentren como dijera una joven cantante un “lugar donde pudiera esconderme”.

De ahí, la gran importancia de que los servicios de salud promuevan una red de apoyo a la mujer que propicie un abordaje integral a su situación, siendo la participación de la familia esencial para la mejora de la salud integral y la calidad de vida, se espera que la mujer asuma la responsabilidad de su condición y supere su adicción sin por ello generar una condición neurótica en donde persiste la enfermedad emocional, antes bien, promueva su propio crecimiento e integre todos los elementos de apoyo para desarrollar una vida digna donde la auto conmiseración o el egoísmo controlador sea transformado en la capacidad de vivir en armonía con el entorno que le rodea, aceptando y buscando los apoyos necesarios para su bienestar psicoemocional, a la vez que brinda a los demás experiencias de vida que nutran principalmente su dinámica familiar.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Madrid Salud. (2005). Mujer y adicción Aspectos diferenciales y aproximación a un modelo de intervención. Madrid: Madrid Instituto de adicciones, Salud asistencia.
  2. , J. (1985). Ausencia de la mujer en Alcoholicos Anónimos. Plenitud.
  3. Anonymous World Services, Inc. (1968). AA para la mujer. Mexico D.F.

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