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Mujer domesticada

 

Por Andrea Galván

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Por Andrea Galván

Recientemente tuve la fortuna de convivir con un grupo de mujeres con convicciones fuertes que me hicieron cuestionar como es que las mujeres pasamos de ser las diosas de las civilizaciones a jugar un rol tan pasivo dentro de la sociedad. Como es que pasamos de ser veneradas por hombres y mujeres a ser devaluadas por ambos géneros en nuestra vida diaria.  ¿Qué fue lo que ocurrió que nos llevo a donde estamos hoy? ¿Qué está sucediendo en la sociedad para que nuevamente quiera salir la mujer salvaje y empoderada que quedó enterrada hace tiempo?

 

Muchas hipótesis pasaron por mi mente tratando de dar sentido a los cambios ocurridos con el paso del tiempo. Entre ellos pasó por mi mente la posibilidad de qué el hombre se sintió amenazado al ver la fuerza psíquica y la cercanía con el lado emocional con la que cuenta la mujer, y que ante la amenaza que representaba el género femenino decidieron poco a poco acallar nuestros instintos.

 

El hombre empezó a definirnos bajo sus propios términos y conveniencias y nosotras nos identificamos con estas nuevas características que fueron lentamente matando a la mujer salvaje. Al arquetipo de la mujer energética, espontánea, que se guía por sus instintos y sabe protegerse de los peligros que se le presenten. La mujer que se escucha a sí misma y a sus necesidades fue sustituida por la mujer que está para servir a los demás, dejando sus necesidades en un segundo plano. Las cualidades “masculinas” se convirtieron en características con mayor peso en nuestra sociedad, dando como resultado una sociedad enfocada en el materialismo y en la obtención de respuestas a través de la ciencia.

 

Pensar en que el cambio en el comportamiento de las mujeres de intuitivas a insensibles pudo haber sido ocasionado por los celos del hombre, se me hizo un pensamiento un tanto negativo por lo que en el intento de encontrar una explicación más optimista surgió otra idea en mi mente. La idea está relacionada con la frase que dice “el amor mata” y me recordó también a los casos de sobreprotección que se dan de parte de los padres a los hijos.

En este caso el amor del hombre y su veneración a la mujer y su necesidad de preservar a “lo más valioso” que tenían pudo haber sido la causa de la muerte de la espontaneidad y la fortaleza femenina que se veía en las antiguas civilizaciones.

 

Cabe la posibilidad de que, en un intento por cuidar a la mujer, el hombre inconscientemente le quito su fortaleza y la hizo sentir poco a poco que dependían de ellos para existir. Tal como sucede con los hijos sobreprotegidos a los que aparentemente no hay persona en el mundo que los quiera ayudar más que sus papás, pero que en el querer desmesuradamente se manda el mensaje del “no ser suficiente” a los hijos al no dejarlos tropezar y levantarse por sí mismos confiando en sus capacidades.

 

Sea cual sea la razón por la que se fueron dando estos cambios en el rol femenino dentro de la sociedad, o al menos en el valor de sus funciones, es una realidad que durante mucho tiempo las mujeres fueron perdiendo el contacto con su lado salvaje y su instinto natural. La importancia de la mujer ya no recaía en su bienestar físico y mental como antes, ahora el rol parece ser más el de un medio para que los demás se logren realizar.

 

No cumplir con las expectativas sociales que se han ido imponiendo con los años hacen que obtengas un título de “mala mujer” tanto para los hombres como para las mismas mujeres. 

 

Ha sido hasta hace poco que la mujer se ha ido empoderando nuevamente y ha empezado a luchar por la igualdad y por los derechos que merece en los diferentes ámbitos de la vida.  La mujer se empieza a rebelar ante los roles que poco a poco han sido impuestos en el paso de los años. Todos los movimientos feministas tienen en mi parecer un trasfondo que se conecta con nuestro vivir y sentir ancestral. Pareciera que la mujer nuevamente se está volteando a ver, está aceptando que es lo que necesita y se deja llevar por sus instintos y por su lado salvaje como lo hacía antes.

 

No existe una respuesta exacta que logre explicar el cambio en la balanza en cuanto al valor de la mujer dentro de la sociedad en distintos momentos de la historia, pero me alegra que nuestro lado salvaje no este muerto.

 

Referencias:

Imaz, V. (2018). “La Loba: El Arquetipo De La Mujer Salvaje.” AEDA. www.narracionoral.es/index.php/es/documentos/articulos-y-entrevistas/articulos-seleccionados/1459-la-loba-el-arquetipo-de-la-mujer-salvaje.

Sáenz, J. (2020). “Lo Femenino y Lo Masculino En La Psicología De Carl Gustav Jung – Javier Sáenz.” ADEPAC.

www.adepac.org/inicio/lo-femenino-y-lo-masculino-en-la-psicologia-de-carl-gustav-jung/.

Diplomado en terapia infantil

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