La Influencia de los Vínculos Afectivos en la Escuela

La Influencia de los Vínculos Afectivos en la Escuela

 

Por Orduña Fernández Martha Angélica

 

Por Orduña Fernández Martha Angélica

Es cierto que la adolescencia es una etapa turbulenta, en la cual se experimentan, cambios físicos y mentales significativos, llegando al último estadio propuesto y descrito por Piaget e Inhelder (1995), aunque explicar cómo es la transición de la infancia a la adolescencia es más complejo de lo que aparenta ser, puesto que hay que tomar en cuenta todas las variables que le rodean, y existen puntos en los que todas las teorías concuerdan. En este ensayo abordaremos la influencia de los vínculos afectivos y como estos apoyan el proceso de aprendizaje del adolescente.

Consideremos ahora que durante la infancia comúnmente los padres se encuentran presentes en las actividades escolares, y conforme al crecimiento los adolescentes buscan independencia dejando un tanto atrás la búsqueda de apoyo de parental, sobre todo en materia escolar. Pero esto no afecta del mismo modo a todas las familias, puesto que los tipos de crianza y apegos creados en la infancia suelen mantenerse durante la adolescencia.

Tomando en cuenta la teoría psicogenética de Piaget e Inhelder (1995) los niños a la edad de 7 a 10 años se encuentran en el estadio de operaciones concretas el cual es el último paso hacia la adolescencia y las operaciones formales, donde desarrollan la capacidad de observación, análisis, síntesis y reflexión, buscando a su vez una nueva autonomía e identidad. En el proceso no solo los adolescentes sufren cambios sino también los padres, que ven la transformación de sus hijos y el miedo que les puede llegar a provocar los vínculos con ellos creados al mismo tiempo el seguir siendo modelos por seguir en esta etapa crítica, puesto que es importante que el joven tenga un modelo sano a seguir y muchas veces los padres dejan de serlo (Bandura, 1987).

 Como menciona Bowlby (2014) respecto a los vínculos afectivos son aquellas uniones y manera de relacionarse que se forma entre dos individuos en la cual surge emociones, creando los cuales conocemos como vínculos emocionales. Lo que quiere decir que, para la creación y fortalecimiento de estos vínculos, es necesario que se comparta tiempo, amor y respeto, los individuos necesitan saberse y sentirse queridos y protegidos, sobre todo cuando están en etapas vulnerables como lo es la adolescencia. El núcleo familiar es importante en la consolidación de estos vínculos. Los tipos de apegos son: seguro, el cual facilita el bienestar y el ajuste social del adolescente, además de ser un factor protector de los comportamientos problemáticos, evitativo, favorece el distanciamiento mutuo entre padres y adolescentes, lo que reduce la influencia sobre los hijos, ansioso ambivalente, genera en la adolescencia comportamientos de búsqueda mezclados con sentimientos de enfado hacia los padres, desorganizado, este provoca miedo y desorientación en las relaciones familiares. Considerando que los estilos de crianza influyen en la relación de padres e hijos, entre ellos podemos encontrar el estilo autoritario, basándose en el control firme con la imposición de normas y castigos, no fomentando autonomía y confianza, lo que crea sentimientos de inseguridad, sumisión y rechazo. Estilo democrático, tiene como base el respeto, imposiciones junto con reprimendas adecuadas y reforzamiento de conductas deseadas, control firme, negociación y explicación de normas, inculcan valores de autonomía y prosociales, dejando al adolescente reconocer por sí mismo las normas haciéndolas suyas. Estilo permisivo, se diferencia de los demás por la falta de control y limites, la tolerancia y renuncia a influir en los hijos, incitan valores de autonomía e independencia, este estilo se divide a su vez en indulgente y estilo negligente. (Montañés et al., 2008)

 Consideremos ahora que los factores que determinan el tipo de apego son variados relacionándose así con el momento evolutivo del progenitor, estilo de vida, nivel socioeconómico, tiempo de convivencia, el tipo de crianza que vivió en su infancia, dentro de otras causas.

Lo dicho hasta podría sugerir que el estilo democrático pareciera ser el más acertado para la formación de apegos seguros, una relación estrecha y de confianza entre el adolescente y su progenitor, motivando a desarrollar el pensamiento formal puesto que se ha motivado la observación, análisis, síntesis y reflexión autocritica, incitando la curiosidad por aprender.  Otro punto que mencionar es que existen varias posturas sobre el cómo y por qué aprendemos, Vygotsky (citado en Pozo, 2013), sostuvo que el aprendizaje surge por medio de la interacción, y que el inicio del aprendizaje se da a través de los padres, los cuales forman la educación de los niños, dándoles herramientas psicosociales que le permitirán desarrollar habilidades para la vida. De manera semejante, Bandura (1987). Menciona la importancia de la relación con el medio social y las herramientas mediadoras como lo es el leguaje y los símbolos. Ausubel (2002, como se citó en Pozo, 2013) en su tesis del aprendizaje significativo se refiere a que aprendemos a partir de lo ya conocido resinificando lo nuevo. Los tipos de aprendizaje son, repetitivo, por descubrimiento, receptivo y el significativo, cada uno es importante y utilizado en momentos diferentes de la vida.

El aprendizaje de estrategias eficaces debe preceder a la aparición de los problemas: si la dificultad superada es fuente de progresos, por el contrario, el fracaso suele ser causa de traumatismos (Rufino,1979),  el compromiso mostrado por los padres en el aprendizaje de sus hijos y el cómo lo afrontan marca un impulso que podría ser decisivo en el éxito escolar del adolescente, preguntar sobre sus proyectos escolares, tareas, su día en clase, estar presente de forma activa en juntas y participaciones es importante para el adolescente, puesto que marca un interés implícito y explícito en estos actos por parte de sus progenitores.

Los adolescentes en la búsqueda de identidad cuestionan su entorno y la escuela no es una excepción, el no lograr comprender el por qué es necesario saber matemáticas, el cómo se conforma la tabla periódica y la imposición de normas como el uso de uniforme, temario nuevo (llegado al grado de secundaria), los hace tener una conducta rebelde e inconforme ante esta nueva etapa. Durante esta transición evolutiva hay que tener en cuenta que existen conflictos que son necesarios para la formación del adolescente, y cabe resaltar que dependiendo del tipo de vínculo y estilo de crianza se dará la comunicación para resolver dichos conflictos (Montañés et al., 2008). Por eso la relevancia de una buena comunicación entre padres e hijos adolescentes.

Las expectativas de los padres hacia sus hijos es también un factor que motiva a ambas partes a un mejor desempeño escolar, la importancia que los progenitores pongan en la educación como herramienta para destacar en la sociedad y mejorar la calidad de vida impulsa a los jóvenes a un mayor esfuerzo y compromiso en la escuela. Por el contrario, los adolescentes que no son motivados por los padres a ponerse metas y expectativas en la escuela tienden a mostrar un menor interés en su proceso de aprendizaje. Esto se comprende a partir de que las expectativas se traducen en comportamientos concretos, pues altas aspiraciones llevan a los padres a promover la asistencia del colegio, y en el hogar, cumplir con el apoyo que demanda la escuela. Cabe destacar que los padres que se encuentran presentes en la educación escolar adolescente tienen que motivar el interés académico de manera en que ellos comprendan la importancia y beneficios del aprendizaje escolar, puesto en que en esta etapa necesitan encontrar el ¿Por qué? Y el ¿Para qué? es necesario aprender los contenidos expuestos en la escuela que les servirán no solo a lo largo de su desarrollo estudiantil sino también en la vida cotidiana, logrando obtener habilidades curriculares y extracurriculares, esto se puede lograr con base en la comunicación entre ambos, resaltando nuevamente la relación que existe entre ellos y su relevancia.

Existen muchos tipos de familias y con ellas estilos de crianza diferentes, metas, expectativas, y también los tiempos de convivencia varían entre cada una, por lo que se crean vínculos distintos entre padres e hijos, resaltando que los apegos cuando se logra que sea de un tipo seguro durante la infancia se mantendrá fuerte durante la adolescencia, como aquella analogía de la palmera, que si sus raíces son fuertes la tormenta no la derrumbara. El estilo de crianza sin duda juega un papel importante puesto que si esta se inclina a un tipo democrático podrán entablar una mejor comunicación con el adolescente, la cual es vital para poder acompañarlo y guiarlo por el camino esperado del conocimiento, dándole la importancia a la educación y haciendo comprender al adolescente que esta será una herramienta para abrirse paso a nuevas oportunidades, apoyar a los hijos en esta etapa no resulta una tarea sencilla por eso los padres deben marcar su autoridad y presencia en la vida escolar de sus hijos. Mantener contacto con los profesores, en reuniones escolares es un punto importante, puesto que ellos están en contacto con los jóvenes en este proceso. El aprendizaje se da como lo mencionamos antes de varias formas, que son los padres los guías principales y modelos del como aprender y deben llevarlos a un punto de independencia y autorregulación en sus labores escolares. Pero nada de esto se puede lograr si no hay una relación de confianza y amor entre los adolescentes y sus progenitores, aunque esto no significa que solo los jóvenes con un alto apoyo parental lo consigan, sin embargo, les es más sencillo llegar a estos al éxito escolar.

“La profesión de padres es probablemente la más delicada que existe” (Rufino,1979)

Referencias:

Bandura, A. (1987). Teoría del Aprendizaje Social. Espasa libros

Bowlby, J. (2014). Vínculos afectivos Formación, desarrollo y pérdida. Morata

Montañés, M. Montañés, J. Bartolomé, R. Parra M. (2008). Influencia del Contexto Familiar en las Conductas Adolescentes.

Piaget, J. & Inhelder, B. (1985). De la lógica del niño a la lógica del adolescente. Paidós

Pozo, I. (2013). Adquisición de conocimiento. Morata.

Rufino, A. (1979).  La expansión intelectual de vuestro hijo. Paidea.

Diplomado en terapia infantil

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