La importancia de las emociones en la psicología

La importancia de las emociones en la psicología

 

Por Mandujano Faustino Norma Anahid

 

Por Mandujano Faustino Norma Anahid

Las Emociones son materia de estudio de la psicología, las neurociencias, y más recientemente, la inteligencia artificial.

El significado etimológico del término emoción es: el impulso que induce la acción.

En psicología, la emoción se define como aquel sentimiento o percepción de los elementos y relaciones de la realidad o la imaginación. Este sentimiento se expresa físicamente mediante alguna función fisiológica como cambios en la respiración, sudoración o en el pulso cardíaco, e incluye algunas reacciones de conducta como relajación, bienestar, ansiedad, estrés, depresión, agresividad o llanto (Ramos, 2005).

Las emociones son procesos neuroquímicos y cognitivos relacionados con la arquitectura de la mente (toma de decisiones, memoria, atención, percepción, imaginación). Han sido perfeccionadas por el proceso de selección natural como respuesta a las necesidades de supervivencia y reproducción (Kail y Cavanaugh, 2006).

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, una persona, un lugar, un suceso o un recuerdo importante. Es aquello que sentimos, cuando percibimos algo o a alguien.

Son universales y comunes a todas las culturas. Sus manifestaciones también tienen patrones de comportamiento semejantes a todos los individuos.

Se puede decir que las emociones tienen 3 funciones principales:

  1. Función adaptativa: prepara al organismo para la acción siendo ésta una de las más importantes. Gracias a esta capacidad podemos actuar eficazmente.
  1. Función social: expresan nuestro estado de ánimo y facilitan la interacción social para que se pueda predecir el comportamiento. Además de la expresión oral, cobra mucha importancia la comunicación no verbal que se refleja, en muchas ocasiones, de manera inconsciente.
  2. Función motivacional: existe una relación entre motivación y emoción ya que ambas se retroalimentan. Cualquier conducta motivada produce una reacción emocional, a la vez que cualquier emoción impulsa la motivación hacia algo. Por ejemplo, si nos sentimos alegres cuando quedamos con otra persona, estaremos más motivados para volver a quedar con ella.

Identificar nuestras emociones y las de los otros, así como ponerles nombre no es tarea fácil, más aún cuando se manifiestan varias emociones a la vez.  A esto lo denominamos conciencia emocional. Tenerla nos permitirá:

  • Reconocer nuestros estados de ánimo y reflexionar sobre ellos para tomar mejores decisiones
  • Relacionarnos mejor con los demás al reconocer también las emociones de los otros
  • Establecer límites para atender nuestras necesidades y bienestar, mejorando así nuestra calidad de vida
  • Conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás

 

Emociones primarias:

Son aquellas que se presentan desde el momento de nuestro nacimiento. Forman parte de nuestro proceso de adaptación y existen en todos los seres humanos, independientemente de la cultura. Se inician con rapidez y duran unos segundos. Son 6:

Emoción Descripción Adaptativa
Alegría Sensación agradable de satisfacción y bienestar Afiliación
Asco Intenso desagrado hacia algo repulsivo o repugnante Rechazo
Irá Sentimiento de enfado, irritabilidad o indignación Autodefensa
Miedo Aprehensión provocada generalmente por sensación de amenaza, peligro o dolor Protección
Sorpresa Malestar o asombro ante algo inesperado Exploración
Tristeza Sensación de desdicha o infelicidad Reintegración

 

Emociones y adaptación

Gracias a las emociones podemos establecer varias conductas de adaptación básicas para el organismo. Como, por ejemplo: agredir, escapar, buscar confort, ayudar a las personas, reproducirse (Palmero, Guerrero, Gómez y Carpi, 2006).

Las emociones tienen efectos negativos, así, por ejemplo, el pánico escénico o el bloqueo en los deportistas pueden interferir con el rendimiento físico. Además, el odio, la ira, la repugnancia y el miedo alteran la conducta y las relaciones interpersonales. Pero las emociones también pueden contribuir a favorecer la supervivencia.

Ahora bien, los latidos intensos del corazón, las palmas sudorosas de las manos, las “mariposas” en el estómago y otras reacciones fisiológicas, son elementos fundamentales del miedo, la ira, la alegría y de otras emociones. Estos cambios orgánicos incluyen alteraciones en la frecuencia cardiaca, la presión arterial, la sudoración y otras reacciones fisiológicas; casi todas ellas provocadas por la adrenalina, hormona que es producida por las glándulas suprarrenales (Coon, 2005).

Igualmente, las expresiones emocionales, o signos externos de lo que se siente, son otro elemento importante.

Por ejemplo, cuando tenemos mucho miedo nos tiemblan las manos, el rostro se arruga y adoptamos una postura corporal tensa y defensiva.

La emoción también se manifiesta en cambios significativos en el tono y modulación de la voz. Estos cambios conductuales son importantes porque comunican la emoción entre las personas.

Además, un sentimiento emocional, que es una experiencia privada de una persona, es la parte de la emoción con la que estamos más familiarizados (Goldstein, 2005).

Emociones y Psicología

La Psicología es la ciencia del comportamiento que estudia, mediante el método científico, las dimensiones:

  1. Cognitiva: percepción, pensamiento, memoria, aprendizaje, etc.
  2. Afectiva: emociones positivas como la alegría y la felicidad, y emociones negativas como la ansiedad y la depresión.
  3. Conductual: conducta verbal, gesticular, movimiento de manos, caminar, saltar, etc. (Best, 2002).

Igualmente, las dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales que constituyen el sistema psicológico de la persona están íntimamente relacionadas y se influencian mutuamente.

La dirección del proceso psicológico en una persona adulta y normal sería así: cognición (percepción de la realidad), afectos (emociones) y conducta (reacción) (Pinazo-Calatayud, 2006).

La realidad de una persona está constituida por información que proviene del medio físico (como el sonido de las aves o el cambio de temperatura). También del medio psicológico (comportamiento de otras personas, como que nos hablen o nos miren).

Mediante la cognición procesamos y damos un significado a los eventos que provienen del ambiente (así como me puede dar mucho gusto saludar a un familiar o amigo), inmediatamente siento alguna emoción (alegría) y emito alguna conducta (saludo o abrazo) (Coon, 2005).

Puede suceder que la cognición sea irracional, es decir, que se procese en forma inadecuada un evento. Por ejemplo, la situación de tener que hablar en público, también llamada fobia social, es interpretada como algo “terrible” o “catastrófico”, por lo tanto, genera emociones negativas como la ansiedad anticipatoria que produce conductas de inquietud motora; como resultado, al darse la situación temida, tener que hablar en público, se puede obnubilar la cognición, no recordar lo que tenía que decirse, confusión, “sudar frío”, errores al hablar, tartamudeo, “mariposas” en el estómago, temblores e inquietud.

Componentes fisiológicos y psicológicos de las emociones

El componente fisiológico de las emociones son los cambios que se desarrollan en el funcionamiento del Sistema Nervioso Central (SNC) debido a que están relacionados con los procesos de cognición que decodifican la información que recibe el organismo y los estados emocionales que se generan.

Ahora bien, los subsistemas fisiológicos relacionados con las emociones son tres: 1) SNC, 2) El sistema límbico y 3) El sistema nervioso autónomo. Durante los procesos emocionales se consideran, particularmente, activos a los siguientes centros del SNC (Rosenzweig y Leiman, 2005):

  • La corteza cerebral forma parte del SNC. La corteza cerebral activa, regula e integra las reacciones relacionadas con las emociones.
  • El hipotálamo forma parte del sistema límbico. Este se dedica a la activación del sistema nervioso simpático y está relacionado con emociones como el temor, el enojo, además de participar como activador de la actividad sexual y la sed.
  • La amígdala está relacionada con las sensaciones de ira, placer, dolor y temor. Por esta razón, la extirpación de la amígdala causa complejos cambios en la conducta.
  • La médula espinal. Todas las emociones están relacionadas con determinadas respuestas fisiológicas a las emociones. En consecuencia, es posible que las reacciones emocionales estén relacionadas con cambios fisiológicos necesarios para que el individuo haga frente a la situación o bien para la transmisión de mensajes o señales de respuesta a otros individuos.
  • Formación reticular, el fabricante de la realidad. Es un proceso de filtrado e interpretación básica de la información percibida por el individuo. De acuerdo con este proceso la percepción que puedan contener datos o información que sean, potencialmente, capaces de generar emociones deben filtrarse por este sistema. Por consiguiente, la formación reticular procesa los patrones físicos para reconocer estructuras cognitivas que no son perceptibles directamente por las sensaciones.

 

Emociones y Neurociencia

La neurociencia ha comprobado la estrecha interrelación neural de los procesos cognitivos y emocionales, reconociendo que éstos son dos aspectos inseparables de la vida psíquica, que también guardan relación con la conducta.

Se admite que puede suceder que la emoción preceda al pensamiento, sea una consecuencia de éste, o bien, se produzcan simultáneamente. En este proceso se desencadena una cascada de tendencias reactivas, manifestadas a través de sistemas múltiples de respuesta, tales como la experiencia subjetiva, la expresión facial, el procesamiento cognitivo y una serie de cambios fisiológicos. Las emociones están referidas a algún significado de una circunstancia personal; tienen un objeto. Son clasificadas en categorías discretas, tales como: miedo, temor, angustia, cólera, alegría, júbilo, éxtasis y amor (Lyddon y Jones, 2002).

 Referencias:

Best, J. B. (2002). Psicología cognitiva. 5ta. Ed. México: Thomson.

Coon, D. (2005). Fundamentos de psicología, 10 ed. México: Thomson.

Goldstein, E. B. (2005). Sensación y percepción. 6ta. ed. México: Thomson.

Kail, R. B. y Cavanaught, J. C. (2006). Desarrollo humano. 3ra. ed. México: Thomson.

Lyddon, W. J. y Jones, J. V. (2002). Terapias cognitivas con fundamento empírico. México: Manual Moderno.

Palmero, F., Guerrero, C., Gómez, C. y Carpi, A. (2006). Certezas y controversias en el estudio de la emoción. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, Vol. IX, No. 23 y 24.

Ramos, G. (2005). Las emociones como proceso. Una revisión de la Teoría de Leslie Greenberg desde la óptica del Ciclo de la Experiencia.  Revista Electrónica de Motivación y Emoción, Vol. VIII; No. 19

Rosenzweig, M. R. y Leiman, A. I. (2005). Psicología fisiológica. 2da. ed. México: McGraw Hill

Trull, T. J. y Phares, E. J. (2003). Psicología clínica. 6ta. Ed. México: Thomson

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