HABLEMOS DE LAS Y LOS NIÑOS PANDEMIA

HABLEMOS DE LAS Y LOS NIÑOS PANDEMIA

 

Por OCHOA, ALEXI DESSIRE

 

Por OCHOA, ALEXI DESSIRE

A estas alturas del 2021, hablar de la pandemia provocada por el virus COVID-19 no es nada nuevo, ya que tenemos más de un año en medio de una crisis sanitaria la cual ha causado incontables estragos en la sociedad. Como ya lo sabemos, una de las medidas para mantenernos “sanos” ha sido el aislamiento, y sí, entrecomillo “sanos” ya que, si bien es una de las medidas sanitarias más efectivas para frenar el contagio, nos ha hecho un flaco favor en el área de la salud emocional y mental, esto aunado a la angustia que provoca el virus per se, la pérdida de un ser querido, falta de trabajo, economía, etc.

¿Cuántas conocidos o allegados tuyos han presentado un cuadro de ansiedad o depresión en medio de esta crisis? Me atrevo a decir que todos conocemos al menos a alguien, o bien, somos ese alguien. Muchos de nosotros somos testigos que difícilmente podemos explicar o ponerle palabras a lo que se siente cuando tenemos ansiedad, sobre todo aquella primera vez que lo experimentamos, porque una cosa es la teoría, que te lo cuenten y otra muy distinta, sentirlo.

Ahora, detengámonos tantito y pensemos en los niños y niñas para quienes explicarlo puede resultar más difícil aún. Es bien sabido que ellos manifiestan sus emociones de manera distinta a los adultos, lo cual puede hacer que para muchos adultos se vuelva complicado interpretar las emociones y lo que ha provocado en estas el aislamiento en sus pequeños. Aunado a lo anterior, no todos los niños reaccionan igual, algunos tienen conductas regresivas (como mojar la cama después de haber superado esta fase), otras pesadillas, algunos están más irritables, otros más tranquilos aparentemente.

Algunas de estas conductas podemos observarlas en niñas y niños que ya cumplían con un programa escolar, tenían su propio círculo social, pertenecían a un grupo de deporte o danza y cumplían con una rutina y las rutinas, son primordiales en el desarrollo de los infantes, ya que ayudan a dar orden y organización en su vida y de alguna forma, crean un ambiente predecible. De la noche a la mañana las rutinas cambian, y hay que ajustarse ahora a una forma de vida completamente distinta donde las prioridades cambian. En un inicio la idea de no ir a la escuela para muchos fue divertida, incluso, quizá algunos aun no sean capaces de darse cuenta que algunas de sus emociones (como la irritabilidad, aburrimiento, tristeza) se deban a que extrañan la escuela, no precisamente el aula escolar, sino todo lo que sucedía dentro de ella.

Por otro lado, razón por la cual me pareció importante hablar de esto, están los niños y niñas que iniciaron la pandemia teniendo entre 1 y 4 años y les ha tocado permanecer en casa, mismos a los que he escuchado a padres llamarles “niños pandemia”, y además de sufrir los efectos del aislamiento como medida sanitaria, se han visto obligados a posponer la socialización entre iguales hasta que la crisis sanitaria pase y ¿qué tanto influye en ellos perderse de estos procesos como guarderías, ludotecas, estancias infantiles, maternal, preescolar, etc.?

En el mejor de los casos, algunos de ellos tienen hermanos, con los que han podido socializar. Las relaciones con los hermanos representan un papel definitivo en la socialización, diferente al de las relaciones con los progenitores o pares (Vandell, 2000). Las lecciones o y las habilidades aprendidas a partir de las intenciones con los hermanos se extienden a las relaciones fuera del hogar (Brody, 1998). Pero ¿qué pasa con los hijos únicos o cuando la diferencia de edades entre hermanos es muy notoria?

Desde el año y medio y casi hasta los 3 años de edad, los niños muestran más interés en lo que hacen otros niños, así como una mayor comprensión de cómo lidiar con ellos (Eckerman, Davis y Didow, 1989; Eckerman y Stein, 1982).

Los infantes aprenden por medio de imitarse unos a otros. Algunos juegos ayudan a los infantes a conectarse con otros niños y sirven de base para juegos más complejos, durante los años preescolares (Eckerman et al., 1989). La imitación de las acciones de los demás infantes conduce a una comunicación verbal más frecuente que ayuda a los pares a coordinar sus actividades conjuntas (Eckerman y Didow, 1996).

Sin duda los lugares como guarderías, estancias infantiles, maternales, ludotecas, preescolares etc., ayudan a los niños de estas edades a poder desarrollar más rápido habilidades comunicativas e incluso a madurar habilidades sociales como la empatía, pilar importante en la inteligencia emocional. La actividad cooperativa se desarrolla entre el segundo y tercer alto de vida, a medida que se desarrolla la comprensión social (Brownell, Ramani y Zerwas, 2006). Con lo anterior, no se intenta decir que los niños que no van a guarderías o instituciones de educación inicial no lograrán socializar nunca, o que todos los que van serán muy sociables, es importante destacar que algunos niños, debido a sus rasgos temperamentales y su capacidad de adaptación, son más sociables que otros, sin embargo, la sociabilidad se ve influida por la experiencia, y los bebés que conviven con otros bebés, desarrollarán estas habilidades sociales más rápido que los bebés que están en casa y no conviven con pares.

Independientemente de lo injusto e incorrecto que es comparar a dos pequeños, pero que sin querer muchos adultos lo hacemos, resulta un reto mayor para los padres cuando además de las diferencias individuales que pudieran existir entre sus hijos, existe de por medio una situación externa que podrá influir en “retrasos” significativos en habilidades sociales y/o o comunicativas, o incluso de maduración.

Son significativos los casos que se han presentado en consultorios de psicología, de padres preocupados por sus bebés, ya que sienten que no se han desarrollado como sus otros hijos o hijas, que a tal edad ya hacían X cosas, hablaban más o su vocabulario era más amplio, o que las teorías dicen que a esa edad debería de hacer ciertas cosas o contar con estas habilidades. Y surgen preguntas como: será ¿Qué mi hijo (a) tiene autismo? ¿Tendrá un retraso? ¿Tiene TDAH? Porque pareciera que ponerle etiqueta nos da una especie de tranquilidad y justificación.

Y entonces la pregunta del millón es: ¿los otros niños y niñas en los que te basas también crecieron en medio de una pandemia, en medio del aislamiento, con padres angustiados y/o pendientes de redes de las redes sociales?

Si bien, es verdad que es importante no dejar pasar algunos signos que pudieran ser alarma de un trastorno de desarrollo y que un diagnóstico temprano puede ayudar a cambiar el pronóstico con la atención adecuada, es primordial recalcar también, que no hay razón para comparar a dos o más niños, y esperar que los infantes de hoy actúen según lo esperado, ya que hay que considerar que los niños de hoy, “las y los niños pandemia”, están viviendo en medio de una situación que no se había visto antes, donde la socialización se ha limitado a solo convivir con las amistades o familiares más cercanos, donde además el aislamiento ha repercutido significativamente en la emociones de personas de todas las edades, culturas y clases sociales, y para los niños que no les ha tocado experimentar otras vivencias, sin duda, su desarrollo no será igual al de los otros, en algunos aspectos será distinto, quizá más lento, a su propio ritmo, lo que tendrá que ser un factor relevante a considerar al momento de hacer algún diagnóstico psicológico.

 

Referencias:

  • Vandell, D.L. (2000). Parents, peer groups, and other socializing Developmental Psychology, 36, 699-710.
  • Brody, G. H. (1998). Sibling relationship quality: Its causes and consequences. Annual Review of Psychology, 49, 1-24.
  • Eckerman, C. O., Davis, C. C. & Didow, S. M. (1989). Toddlers’ emerging ways of achieving social coordination with a peer. Child Development, 60, 440-453.
  • Eckerman, C. O. & Stein, M. R. (1982). The toddlers’ emerging interactive skills. In K. H. Rubin & H.S. Ross (Eds.), Peer relationships and social skills in childhood. New York: Springer – Verlag.
  • Eckerman, C. O. & Didow, S. M., (1996). Nonverbal imitation and toddlers’ mastery of verbal means of achieving coordinated action. Developmental Psychology, 32, 141-152.
  • (Brownell, C. A., Ramani, G. B. & Zerwas, S. (2006). Becoming a social partner with peers: Cooperation and social under – standing in one – and two – year – olds. Child Development, 77, 803-821.

Diplomado en terapia infantil

Atenta invitación

Más Información

Acerca de lo que compartimos en el Blog:


La AMPSIE no es responsable por ningún contenido de videos, fotos, artículos libros enlazadas con este blog. Todo ese contenido está enlazado con sitios tan conocidos como YouTube, Vimeo, Vevo,  recursos y libros encontrados en la web, del mismo modo si tienes algún recurso que quisieras compartir libremente para la comunidad, puedes enviarlo a nuestro correo y pronto lo verás publicado.  El objetivo de este blog es promover la difusión de la psicología, la psicoterapia y la educación, no la piratería. Si tú consideras que algún contenido de este blog viola tus derechos, por favor contactar al web master y lo retiraremos inmediatamente. Por favor escribe a 
[email protected]

@landing19
https://www.psicoedu.org/diplomado-lenguaje/
cabezafanpage

Deja una respuesta