El trastorno bipolar en la infancia y la adolescencia

El trastorno bipolar en la infancia y la adolescencia

Por José Roberto Pérez Méndez

 

Por José Roberto Pérez Méndez

Con frecuencia escuchamos el término “bipolar” en las conversaciones coloquiales de amigos o conocidos. Nos resulta tan familiar, que incluso nosotros mismos probablemente lo hayamos utilizado en alguna ocasión, para referirnos a alguna persona que cambian con frecuencia sus estados de ánimo, alternando entre la tristeza y la alegría, pasando inclusive por la irritabilidad y la euforia.

Sin embargo, resulta importante conocer realmente en qué consiste “la bipolaridad”, ya que esta se constituye más bien como un problema de salud mental bien caracterizado por la psiquiatría, y que va más allá de cambios bruscos en el ánimo o dificultades en la regulación emocional. Y más importante incluso será conocer sus características y manifestaciones en la infancia y en la adolescencia, para no asignar etiquetas erróneas o innecesarias, y que pueden tener un impacto poco favorable en la salud mental de nuestros niños y adolescentes, así como evitar retrasos en el diagnóstico y la implementación de las intervenciones pertinentes.

El trastorno bipolar, se caracteriza por periodos de un ánimo expansivo y persistente elevado y eufórico, (denominado manía), que alternan con un afecto depresivo, con duración variable de dichos periodos, entre los cuales existen también episodios de ánimo normal (conocidos como eutimia). Generalmente, comienza a mitad de la adolescencia o en la edad adulta temprana, y produce un deterioro significativo de la calidad de vida y en funcionamiento diario, afectando casi todas las esferas en que el individuo se desenvuelve (personal, social, familiar, académico, laboral).1, 2

Menos común aún es la presentación del cuadro en los niños, en los cuales puede tener algunas características distintas de las que aparecen en adolescentes y adultos. En aquéllos, el trastorno puede presentarse con estados de ánimo cambiante, inestable, intenso (con variaciones bruscas incluso en un mismo día) marcados generalmente por una irritabilidad externa e inusual, la cual debe ser diferenciada de dificultades en el control y la regulación de las emociones, así como de variantes del temperamento normal.

Durante las fases de manía, el humor puede ser muy positivo, y el niño puede mostrase “en extremo feliz”, así como acompañarse de una disminución de la necesidad de dormir, incremento de la producción y de la velocidad del habla, aumento de la autoestima y de la confianza, disminución del juicio, y en casos más severos, la aparición de delirios de grandiosidad (como el tener habilidades o poderes especiales, o sentirse un ser superior). 

Durante la fase depresiva, el niño pude sentirse muy triste o irritable, comer y dormir poco o en exceso, mostrar menos energía o interés en actividades que anteriormente disfrutaba, y pueden aparecer ideas de minusvalía, inutilidad, o culpa, las cuales en algunos casos pudieran incluso acompañarse de pensamientos y actos suicidas.2 

Aún no se conocen completamente las causas de este trastorno. Parecen intervenir una serie de varios factores, entre los que se incluyen la herencia (es de hecho uno de los trastornos psiquiátricos con mayor carga de heredabilidad), una desregulación de los niveles de algunos neurotransmisores cerebrales (como la dopamina, serotonina y la noradrenalina), la presencia de estresores psicosociales y en algunos casos, el consumo de ciertos fármacos o drogas.1

Una de las razones por las cuales resulta de capital importancia el diagnóstico y tratamiento de este trastorno, es el hecho de que los individuos afectados tienen mayor probabilidad de sufrir otros problemas, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, problemas de ansiedad, alteraciones graves en la conducta, abuso de alcohol y drogas, mayor propensión a involucrarse en conductas de riesgo y accidentes, así como un mayor riesgo de suicidio.3

El diagnóstico debe ser realizado por un profesional con experiencia en este tipo de padecimientos, preferentemente un psiquiatra infantil y de la adolescencia, debido a que, como se mencionó anteriormente, el cuadro clínico en los niños y adolescentes puede ser muy distinto al de los adultos.

El tratamiento suele incluir tanto fármacos como psicoterapia. Los medicamentos (como los estabilizadores del ánimo y los antipsicóticos) y la terapia pueden ayudar a los pacientes a disminuir los síntomas, y tener un mayor control sobre las emociones, la conducta y las actividades de la vida diaria.1, 2, 3

 

Referencias

  1. Elia, J. (2017). Trastorno bipolar en niños y adolescentes. Recuperado de: https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatr%C3%ADa/trastornos-mentales-en-ni%C3%B1os-y-adolescentes/trastorno-bipolar-en-ni%C3%B1os-y-adolescentes
  2. Healthy children.org. (2017). El trastorno bipolar en los niños y adolescentes. Recuperado de:

https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/emotional-problems/Paginas/bipolar-disorder.aspx

  1. (2017). Trastorno bipolar en niños y adolescentes. Recuperado de:

https://www.cigna.com/individuals-families/health-wellness/hw-en-espanol/temas-de-salud/trastorno-bipolar-en-ninos-y-adolescentes-ty6916

Diplomado en Psicología Clínica

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