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¿Reúnen los centros educativos las condiciones necesarias para atender al alumnado con Trastorno del Espectro Autista?

 

Por María del Carmen Aldana Tena

Por María del Carmen Aldana Tena

Son las 9:00 horas, tiempo de entrada de los alumnos al preescolar, todo transcurre tranquilamente, los padres despidiendo a sus hijos en la entrada y las educadoras cariñosamente saludan a sus alumnos, cuando de pronto se escucha el llanto agudo de “C” que se resiste a entrar pacíficamente a la escuela. Después de múltiples esfuerzos en los que literal es llevado en brazos hasta el aula continúa llorando de manera incesante, son repetidos episodios de ansiedad, con su mochila al cuello toda la mañana, llora al menos 5 veces, de pronto durante el recreo agrede fuertemente a cualquier niño cercano a él. Este es un breve ejemplo de un día cotidiano en muchas escuelas de nuestro país con un alumno con Trastorno del Espectro Autista.

Con más de 20 años de experiencia en el ámbito de educación especial en la Secretaria de Educación Pública, he vivido profesional y laboralmente una serie de políticas públicas y modelos educativos que han transitado de un modelo de integración  al enfoque de inclusión educativa definido  como  “un proceso de mejora metódico con el sistema y las instituciones educativas para tratar de eliminar los distintos tipos de barreras que limitan la presencia, el aprendizaje y la participación de los estudiantes en la vida de los centros donde son escolarizados, con particular atención a aquellos más vulnerables”. (Booth y ainscow, 2002).

Si bien es cierto que el Art. 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que “toda persona tiene derecho a la educación y además de ser obligatoria, será universal, inclusiva, publica, gratuita y laica”, veo con sorpresa y preocupación el incremento significativo de alumnos que presentan Trastorno del Espectro Autista. La realidad que se vive de manera cotidiana  en las aulas que cuentan con  alumnos y alumnas con esta condición, supera por mucho artículos, convenciones, declaraciones y en general políticas educativas, pues para  los que somos la parte operativa en el sistema educativo representa un reto en muchos  de los casos, el dar una respuesta a las necesidades educativas y emocionales  de estos alumnos en grupos de aproximadamente 30 o más personas, en planteles con escasos recursos económicos y en general con una serie de condiciones desfavorables que inciden en la atención con calidad de los educandos.  Una de las necesidades primordiales de un niño o joven autista es lograr su adaptación al contexto escolar, la incorporación de rutinas y la adquisición de habilidades socioemocionales , para ello es importante promover  ambientes organizados y tranquilos para evitar que detone en ellos episodios de ansiedad o agresividad dirigida hacia el exterior o hacia ellos mismos, sin embargo esto puede ser algo bastante complejo considerando que no todos los alumnos que presentan TEA están listos para acudir a las escuelas públicas, ya sea porque aún no han adquirido o desarrollado de manera suficiente las habilidades socio adaptativas y otros más por los recurrentes episodios de ansiedad y angustia que experimentan. Los argumentos para poder determinar su ingreso y permanencia en la escuela regular se pueden sustentar, pero es difícil realizar este ejercicio bajo el argumento de no ser acusados de discriminación, por tanto, son aceptados.

Si como señala el artículo 5 de la Ley General de Educación: “Toda persona tiene derecho a la educación, el cual es un medio para adquirir, actualizar, completar y ampliar sus conocimientos, capacidades, habilidades y aptitudes que le permitan  alcanzar su desarrollo personal y  profesional; como consecuencia de ello, contribuir a su bienestar, a la transformación y el mejoramiento de la sociedad de la que forma parte” donde quedan entonces los derechos y por ende el bienestar del resto de los alumnos, que día a día y en ocasiones por varios años han sido compañeros de un alumno autista. Recientemente pude reflexionar al respecto cuando un niño de 9 años, sumamente enojado y visiblemente alterado me comentaba su molestia al ser golpeado por su compañero autista quien además constantemente destruye sus pertenencias, simplemente me dijo “ya me cansé”, y ni que decir de los insultos y también golpes dirigidos a los maestros.

Hablar de Inclusión es una cosa, vivirla representa un reto en el que es necesario hacer una autorreflexión desde el compromiso y responsabilidad de toda la comunidad educativa en el binomio escuela-familia que promueva el desarrollo de las habilidades para la vida especialmente de todos aquellos alumnos que enfrentan Barreras para el aprendizaje, sin olvidarnos del resto de la población estudiantil.  

 

Referencia bibliográfica

  • Booth, T. y Ainscow, M. (2002). Índice de inclusión. Desarrollando el aprendizaje y la participación en las escuelas. Santiago de Chile: OREALC/UNESCO

 

  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1917) Articulo 3.

 

  • Diario Oficial de la Federación (2019) Ley General de Educación

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