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CUANDO SE NAVEGA POR BARCOS DIFERENTES Y CUANDO LA ESCUELA DE HOY NI BARCO SE TIENE

 

Por M. EN C. ILIANA BUSTOS CERVANTES

 

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Por M. EN C. ILIANA BUSTOS CERVANTES

Tras la situación mundial que se vive con el COVID-19, he escuchado la siguiente frase: “la escuela ha vuelto a casa” como hace muchos años. Desde mi punto de vista no es así.  No podemos decir que algo ha vuelto a casa cuando en miles de hogares nunca ha estado y no lo estará. Pues, creo yo que el sistema educativo que muchos países llevan no ha ido de la mano con el desarrollo del contexto familiar.

 

Desde mi experiencia y a lo largo de lo vivido en esta pandemia, puedo ver como hoy miles de niños ni siquiera tienen acceso a lo que se le llama escuela virtual o aprende desde casa, como tampoco tienen la posibilidad de contar con padres o familiares que puedan apoyarles para adquirir los conocimientos que les corresponden.

 

Si bien es cierto, la pandemia llevó al sistema educativo de varios países a tomar medidas en las que miles de estudiantes de diferentes grados escolares dejaron el aula presencial, pese a que no estaban preparados para ello y mucho menos dejar la escuela por tanto tiempo.

 

La triste realidad es que hoy la escuela sí vuelve a casa, pero sólo para unos cuantos y es que considero que se está volviendo elitista, entonces sí como hace muchos años lo fue. Sólo aquellos con diversas posibilidades pueden hacerlo, ya sea por la economía o por el contexto familiar.

 

A inicios de la pandemia sólo las escuelas de paga comenzaron con el uso de plataformas que permiten el contacto virtual, ofreciendo parte de las clases, mientras que las escuelas públicas únicamente tuvieron la opción de llevarse la tarea a casa y aprender como cada padre pudo apoyar a sus hijos.  Si bien es cierto, muchos maestros buscaron la forma de mantener contacto a sus pupilos mientras que otros por completo los olvidaron concluyendo un ciclo escolar como cada quien pudo y desde su propio barco.

Posterior a ello, se vendió la idea de que aun era peligroso regresar a la escuela, pues los contagios cada vez comenzaron a ser mayores. Se optó por comenzar un ciclo bajo un sistema televisivo o por radio a través de diferentes televisoras y estaciones de radio. Un proyecto ambicioso y pensado como la mejor estrategia.

En México, el sistema educativo público arrancó con alumnos tras un televisor recibiendo clases por maestros desconocidos, incluso de otros países como España.

Hoy miles de niños continúan sus clases, otros las han abandonado. Algunas escuelas particulares se vinieron abajo, pues las clases en las diversas plataformas ya no fueron suficientes para muchos padres, ya sea porque para muchos no representó el valor monetario igual al presencial o tal vez porque algunos perdieron su trabajo y la solvencia tuvo que priorizarse.

La forma en como cada barco familiar ha ido avanzando es único, hay quienes han optado por reunirse en pequeños grupos y aprender juntos. Otros trabajando clandestinamente en diversos lugares y cobrando por cuidar de los hijos mientras toman sus clases virtuales para que los padres puedan trabajar.

 

Lo curioso es que nos dicen que las escuelas no pueden abrirse y miles de centros educativos trabajan con más de 50 niños conectados en un mismo salón, sólo porque los dueños pertenecen o conocen a altos mandos de la administración educativa. Mientras otros miles de niños sufren los estragos de estas decisiones, pues no pueden salir de casa para ir a sus escuelas y el encierro les está generando estrés.

Los niños de prescolar, por ejemplo, se encuentran en una edad clave para su desarrollo socioafectivo y esto está siendo frenado.  Es cierto que corren el riesgo de enfermarse, pero también su desarrollo emocional es importante. La realidad de hoy es que para el sistema educativo que desea continuar con la idea de que las escuelas deben permanecer cerradas, pero yo creo que esto no frenará los brotes, pues desde mi experiencia me doy cuenta como hoy todo se vive como si no hubiera pandemia, se otorgan permisos para festividades, los bares de muchas ciudades han abierto y los centros comerciales se encuentran llenos. 

 

Entonces yo me preguntó por qué seguir frenando la educación, por qué mantener cerradas las escuelas.

 

Por ello, hoy desde mi experiencia pienso que “no navegamos el mismo barco y la escuela ya ni siquiera está en un barco”.

Diplomado en terapia infantil

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