La ansiedad infantil y la nueva normalidad

Ansiedad infantil y la nueva normalidad

 

Por Ana Cecilia Herrera Durán

 

Por Ana Cecilia Herrera Durán

Introducción

La pandemia mundial del coronavirus nos ha hecho experimentar un vaivén de emociones tanto a chicos como a grandes; en múltiples estudios se ha demostrado el impacto psicológico negativo que el confinamiento, el distanciamiento social y el fallecimiento de seres queridos (entre otras situaciones) han provocado en la población, sin embargo, nos interesa hablar específicamente de la población infantil. En ocasiones, padres, madres o personas que se encargan del cuidado de niños y niñas, han perdido de vista las emociones que expresan sus pequeños/as, siendo totalmente compresible tras las responsabilidades, inquietudes o retos que han experimentado durante estos meses, sin embargo, la realidad nos demuestra que son nuestros pequeños los más vulnerables, desde una mirada neuropsicológica, el sistema nervioso se encuentra en desarrollo, por lo que su estructura cerebral aún no se encuentra preparada para gestionar sus emociones, desde el plano psicológico, intervienen características de personalidad; en relación con el ambiente, la dinámica familiar, las condiciones de la vivienda; y la lista podría continuar, pero nuestro único objetivo es concientizar, sobre lo que tú hijo/a podría estar experimentando actualmente y como puedes ayudarlo. Para comenzar, tengamos claro que, la ansiedad es una emocional normal que todos los seres humanos han experimentado, nos ayuda a sobrevivir, respondiendo ante situaciones nuevas, sorpresivas o amenazantes, puede provocar hormigueos o taquicardia cuando sentimos peligro, ayudándonos a enfrentar o escapar de una situación amenazadora. Sin embargo, cuando esta emoción, se produce en exceso e intensamente, se podría hablar de un trastorno de ansiedad; es una enfermedad que tiene como síntoma central una ansiedad intensa, desproporcionada, persistente y que afecta en varias áreas de la vida cotidiana, lo que provoca incapacidad o dificultad para estudiar, trabajar, convivir con la familia o con sus amigos.

Desarrollo

Sentir ansiedad es normal y forma parte de nuestra propia supervivencia, sin embargo, cuando estos sentimientos son constantes y abrumadores o si afectan la capacidad de su hijo de realizar las actividades que normalmente hacía, como tomar sus clases, hacer sus tareas, y/o divertirse, es probable que sea un grito de ayuda, necesita nuestra ayuda para enfrentar ese momento difícil. Los signos de alarma cambiarán dependiendo de la personalidad de cada pequeño/a por lo que ustedes serán el mejor detective para analizarlo, sin embargo, aquí les describimos algunos síntomas generales que podrían orientarlo:

Cambios en el estado de ánimo que no son comunes en su pequeño/a, constante irritabilidad, sentimientos de desesperanza y/o furia.

Conflictos frecuentes con familiares o amigos.

Cambios en su conducta, como aislamiento, por ejemplo, si su hijo/a es extrovertido, pero ha mostrado un distanciamiento, al no querer llamar a sus amigos o verlos por videollamada.

Perdida de interés en las actividades que antes disfrutaba ¿Dejo de jugar con su mascota durante las tardes? ¿Dejo de preparar recetas de cocina que tanto disfrutaba?

Dificultades durante el sueño, duerme demasiado o muy poco, tiene un sueño intranquilo.

Cambios en su peso o alimentación, no tener hambre o comer en exceso.

Dificultades académicas, menos interés en tareas escolares, para tomar las clases y/o participar, problemas de memoria o concentración.

Cambios en la apariencia, como descuido en su higiene personal.

Es importante mencionar, que no es necesario que tú hijo experimente todos los síntomas anteriores, en cuanto observemos alguno de ellos podremos comenzar a apoyarlo y buscar a un especialista para una intervención más profunda.

Las siguientes recomendaciones, pueden ayudar a aligerar los síntomas:

Leer cuentos antes de dormir, les ayudará a relajarse y a crear una rutina para ayudarlos a conciliar el sueño.

Enseñar sobre inteligencia emocional, preguntarle sobre sus emociones, escuchar con respeto lo que provoco ese sentimiento y ayudarlo por medio de preguntas y/o opciones, sobre posibles soluciones, así lo preparemos para cuando se presente la emoción de ansiedad.

Respirar con ellos, practiquen esta técnica valiosa, pídanle que se imagine como el aire entra por su nariz e infla su vientre, como si fuera un globo, y poco a poco al ir expulsando el aire por su boca, sentirá como ese globo se hace pequeño.

Imaginar un escenario agradable, imaginar un lugar relajante, incluso ustedes pueden ayudarle a crear ese escenario, describiéndole un lugar que le provoque calma, pueden pedirle que imagine sonidos, sensaciones, olores, etc. Lo importante es que conecte con sus sentidos y pueda funcionar como un distractor de los pensamientos negativos que está experimentando.

Manda algunas palabras de vacaciones, explícale a tu hijo, que cuando experimentamos una situación desagradable, usamos palabras que nos hacen pensar que nunca acabara, como: “siempre” “nunca” “todo”.. Por lo tanto, tendrá que permanecer atento, porque cuando ellas aparezcan, deberá mandarlas de vacaciones, en su lugar pueden utilizar palabras más poderosas.

Conclusión

Pese a las dificultades que tú hijo a experimentado, no olvides su capacidad de adaptarse y creatividad, brindémosle los recursos para afrontar adecuadamente las situaciones de crisis y estrés psicosocial, llénalo de habilidades para que experimente su propia capacidad de resiliencia.

Referencias:

Orgiles, M. (2020) Impacto psicológico de la COVID-19 en niños y adolescentes. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, Vol. 7, No. 3.

Sánchez, I. (2021) Impacto psicológico de la COVID-19 en niños y adolescentes. MEDISAN vol.25 no.1

Santamaría, M. (2021) Impacto psicológico de la COVID-19 en una muestra de profesionales sanitarios españoles. Revista de Psiquiatría y Salud Mental Volume 14, Issue 2, April–June 2021, Pages 106-112

Diplomado en terapia de lenguaje

Atenta invitación

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