El deseo mimético y la adicción a las redes sociales

El deseo mimético y la adicción a las redes sociales

 

Por Q.B. Diana Patricia Delgado

 

Por Q.B. Diana Patricia Delgado

Actualmente existimos en un mundo donde podemos “twittear” a alguien o interactuar en Instagram con el post de algún famoso y podrían reaccionar ante nosotros. Incluso si están al otro lado del planeta, o sí tienen más estatus político o mucho más dinero que nosotros, aún podemos interactuar con ellos. Todavía podemos competir con ellos en popularidad, como lo hacen los nuevos Youtuber. Tenemos una máquina mimética en el bolsillo donde existen todas estas personas a nuestro alcance.

            El deseo mimético se puede definir cómo un deseo social basado en querer lo mismo que los demás, generalmente sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. En la teoría mimética de René Girard, el deseo es la influencia ajena o la contaminación recíproca de imitación y de apetitos donde el hombre es entendido como un sujeto imitador (Barahona, 2005).

            Las redes sociales nos han dado millones de modelos miméticos con los que podemos asociarnos psicológicamente. Algunas personas han pasado de tener 10 modelos miméticos en su círculo social local, a tener ahora miles de cuentas miméticas  (influencer) diferentes entre redes virtuales. Como cultura no nos hemos dado cuenta de lo que eso significa para nuestra salud mental y emocional.

            Hay dos tipos de modelos miméticos. El primer tipo se llama mediador externo del deseo. Estos son modelos que están fuera de nuestro mundo; ya sea porque existen en una esfera social diferente a la nuestra, no hay posibilidad de que entremos en contacto con ellos y ciertamente no nos convertiremos en sus rivales. Están, en cierto sentido, fuera de nuestro mundo de deseo y fuera de competencia. Estos modelos externos de deseo pueden ser reales o pueden ser ficticios.

            El otro tipo de modelo está dentro de nuestro mundo llamado mediadores internos del deseo. Estas son personas con las que entramos en contacto, y existe la posibilidad de conflicto o rivalidad con estas personas. Estas son personas que están en nuestra familia, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra ciudad, universidad o que incluso podrían ser nuestros amigos. Es más fácil compararnos con ellos a diario por redes sociales menos anónimas como lo es Facebook o WhatsApp (Montagud, 2022).

            Estos son los tipos de personas que consideramos como puntos de referencia, y es mucho más probable que sintamos envidia de alguien con quien fuimos a la escuela secundaria, que ahora tiene un gran trabajo y una hermosa esposa, que envidiar a la persona más rica del mundo.

            El peligro con los mediadores externos del deseo, con mantenerse al día con personas que tienen mucho éxito o con personas que han modelado cierto estilo de vida, es que es un proceso que no tiene fin.

            Todo deseo es una forma de trascendencia. Para Girard, el deseo es el rasgo más destacado de la condición humana y la imitación el rasgo más fundamental del comportamiento humano. Deseamos ir más allá de los límites, cruzar la montaña, ser el tipo de persona que no sentimos que somos actualmente. Tener modelos positivos de deseo de emular es algo muy bueno. Es importante tener personas que modelen virtudes y bondades que nos gustaría tener, pero tenemos que entender las limitaciones de cualquier modelo (Barahona, 2005).

            Todo deseo proviene de sentir que nos falta algo y eso puede llevarnos a un peligroso círculo vicioso porque siempre habrá otro modelo que encontrar. Tenemos que elegir nuestros modelos sabiamente. Hay que saber cuándo el modelo nos está inflamando con un deseo inalcanzable, irracional o sí nos permitirá fantasear con una vida que probablemente nunca tendremos o incluso un deseo que termina generando envidia, baja autoestima o ira interna (Echeburúa, 2010).

            Todo lo que se necesita hacer es ir a Instagram y pasar cinco minutos, y observarán estilos de vida modelados, destinos vacacionales repetitivos, modas, formas de hablar, tendencias, recetas, manerismos o preferencias políticas estimuladas por algoritmos.

            Dichos deseos de imitar o incluso envidiar, mantiene a las personas adictas a las redes sociales. Algunos adolescentes y adultos se pueden pasar horas leyendo actualizaciones de gente famosa, influencer o de sus propios compañeros de clases o trabajo.

            Todos estos deseos se modelan para nosotros las 24 horas del día, miles de millones de ellos, y necesitamos comprender el panorama mimético de las redes sociales o, de lo contrario, seremos totalmente controlados por algoritmos computacionales.

            El problema con las redes sociales es la interacción profana entre 2 factores: primero, está diseñado para orientarte hacia tus seguidores. Existe esta presión constante de jugar con la audiencia y ajustarse a sus deseos (percibidos, determinados algorítmicamente o reales). Las personas se sienten obligadas a forzar el ajuste de su contenido a lo que creen que captará la atención, provocando valor de shock o incluso alimentando desórdenes mentales como el narcisismo. (Aksoy, 2018)

            El segundo factor es que se supone que el contenido eres ‘tú’. Se siente que las redes sociales se tratan de la individualidad, la autoexpresión, «compartir» tus pensamientos, sentimientos y aventuras con seguidores que se preocupan por ti.

            El desequilibrio de estos dos factores, por un lado, crean una personalidad para actuar ante una audiencia y, por otro lado, al compartirte con la gente, disocia la psique de las personas.

            Es muy importante aprender a administrar el tiempo que pasas en línea, ya que puede consumirte y quitarte todo el día, dejándote diariamente deprimido al corretear deseos miméticos inalcanzables o incluso haciéndote desatender tus prioridades. Es imperativo evaluar a quién sigues y porqué los sigues – si te genera alguno de los 7 pecados capitales, descártalos.

Referencias:

Aksoy, M. E. (2018). A Qualitative Study on the Reasons for Social Media Addiction. European Journal of Educational Research, 7 (4), 861-865. DOI: 10.12973/eu-jer.7.4.861.

Barahona, A. (2005). “René Girard”, Personalismo terapéutico: Frankl, Rogers, Girard, Xosé Manuel Domínguez Prieto. Madrid: Fundación Emmanuel Mounier, 1ª edición, 2005. p. 134.

Echeburúa, E. (2010). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto. Revista Adicciones, Vol. 22, Núm. 2, 2010, pp. 91-95.

Montagud, N. (2022). “Deseo mimético: qué es, cómo nos afecta y cuáles son sus causas”. Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/deseo-mimetico.

Diplomado en terapia infantil

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