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Un encuentro psicoterapéutico

Lizbeth Granjeno Alcantar

 

Cuando una persona se decide a consultar a un psicólogo, es por cuestiones que le resultan difíciles de entender y que ya no puede sobrellevar, debido a que los recursos se le agotaron, quizá porque no los alcanza a mirar o bien los sobreestimo, en cualquiera de los puntos realizo actos para intentar resolver. Considero que el tomar la decisión de iniciar con un proceso terapéutico es un recurso valioso de sobrevivencia psíquica. Además que se encuentra motivado para entender ciertos aspectos de su vida.

Reyes, G ( :45) “cuando me refiero a motivación, me refiero a la fuerza más profunda que lleva a una persona a solicitar psicoterapia, más allá de la forma en que lo exprese.”

Cabe mencionar que el motivo de consulta no siempre es por razones de patología, hay quienes ingresan a psicoterapia para crecer de manera personal o bien para nutrir aún más su YO.

La persona desde que tiene el primer contacto con el terapeuta tiene la necesidad de sentirse escuchado y entendido por lo que este pasado, independientemente del tema que traiga a la sesión, pues quizá ya intento hablarlo, sin embargo no sintió un arropo o resolver el problema, o en otro caso ni siquiera ha pensado compartirlo con sus primeras relaciones.

Por ejemplo si acude un padre de familia porque considera que su crianza no ha sido la mejor hacia su hijo, puede sentirse con culpa, frustrado y enojado por no llevarlo adecuadamente a lo que él considera que debería ser. Entonces una parte profundo lo motivo a acudir a consulta para saber cómo resolver o que hacer, sin embargo aun así llevara ese coctel de pensamientos y emociones que lo acongojan y que requiere de ser sostenido para iniciar con sentimiento de alivio y confianza.

Anteriormente el paciente ya se había percatado de ciertos síntomas físicos y psicológicos que le brindaban señales de que algo no andaba bien. Algunos de los pacientes temen por enloquecer de manera que no haya un retorno.

Dentro de su psique tienen diversas cuestiones de lo que son y miedo de lo que pueden llegar a hacer si no ponen una pausa a reflexionar sobre que transcurre en su vida.

Sin embargo aquello que conforma al paciente tanto corporal, mental y afectivo tienen una funcionalidad dentro de la disfuncionalidad, es decir, que el paciente ha formado lo que necesita, lo que ha servido para continuar en su desarrollo normal de la vida. Pero llego el momento que eso no le sirve, no le funciona y requiere de un acompañamiento cálido y responsable, es decir, el terapeuta.

Su inicio al tratamiento debe ser por su propia voluntad y su propio merito, a excepción de algunos casos como menores de edad y personas que sean canalizadas de alguna institución para complementar beneficios para el paciente, por ejemplo un paciente psiquiátrico que sea canalizado por su médico para complementar su tratamiento.

La mayoría de los pacientes buscan sentirse mejor, sin dolencias, plenos, lo que es común en el ser humano, que busca la salud.

Sin embargo llegar a esa meta implica muchas cuestiones para el paciente y también en su momento para el terapeuta, es decir, pues con el trascurrir del tratamiento, el paciente ira adquiriendo recursos y descubriendo otros, tanto personales como externos, por ejemplo, sus relaciones familiares y de amigos.

Para que el proceso se lleve a cabo, es importante que el terapeuta tenga definido su rol como tal durante ese momento, además de mostrar una continua responsabilidad y compromiso hacia la relación con su paciente.

Por otra parte, deberá contar con su propio proceso psicoterapéutico para estar lo más presente durante las sesiones, así mismo contar con un pensamiento flexible y una conducta de respeto marcando limites terapéuticos para el beneficio del paciente. Dejando en claro los alcances y límites que conlleva la terapia para no permitir falsa esperanzas en el mismo paciente

Independientemente del enfoque que maneje el terapeuta es importante cuidar de la relación y de sí mismo para no obstaculizar el proceso y dañar al paciente.

El paciente, como antes lo mencione acudirá y se quedara con el terapeuta con el que más se sienta en confianza y confort.

Si cabe distinguir entre los roles que actúa cada uno desde lo que le corresponde para no errar en el proceso. Pues su deber del terapeuta es darse cuenta cuando algo no fluye, no se avanza o no tiene claridad sobre el tratamiento, tendrá que re-encuadrar o dependiendo del caso canalizar, pues la prioridad es el paciente y su integridad.

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