Los miedos en la infancia

Los miedos en la infancia

Por Pablo Urbano Romero Romo 

Por Pablo Urbano Romero Romo

Introducción.

Los miedos en la infancia se pueden considerar como normales debido a que están implicados a cambios relacionados al desarrollo fisiológico, psicológico y social, ya que estos van desapareciendo de forma gradual durante el crecimiento y madurez de los niños. Sin embargo al hablar de miedos que no desaparecen e incluso se comienzan a reflejar en trastornos o fobias, se requerirá de la intervención de especialistas, principalmente el psicólogo, que busquen la causa del problema y lo puedan intervenir. A continuación se define el miedo en la infancia y las características que lo pueden desencadenar como patología.

Definición de miedo

El miedo ha sido catalogado como una emoción desagradable (Manoni, 1984; Ostrosky, 2000; Valdez et al., 2010), que cumple con las funciones de: 1) actuar como señal de alarma para indicarle al organismo la presencia de una amenaza que genera una alteración a la estabilidad en la que se encontraba, y 2) funciona como señal que informa al organismo de la necesidad de actuar o de hacer algo para adaptarse a una nueva situación en la que se tenga el menor desgaste (Valdez, 2009; Valdez et al., 2010). Así mismo se caracteriza por:    

Reacciones fisiológicas, el miedo puede generar cambios bioquímicos como descarga de catecolaminas como adrenalina, noradrenalina, epinefrina y otras sustancias. Estos cambios generan a su vez la llamada “tormenta vegetativa” que consiste en síntomas como: taquicardia, tensión muscular, temblores, sudoración, palidez, sequedad de garganta y boca, sensación de nausea en el estómago, urgencia de orinar y defecar, respiración rápida, dificultad para respirar, etc. (Pérez, 2000).   

Reacciones motoras comportamentales, durante la aparición del miedo puede darse una tendencia a petrificarse o enmudecer, que en formas extremas, puede llegar a la muerte fingida o  aparente, o por el contrario, puede haber una huida desesperada, gritos o agitación motriz (Pérez, 2000).

Manifestaciones cognitivo-subjetivas, pueden haber sensaciones subjetivas de peligro y amenaza, bloqueos del pensamiento, pérdida de confianza, sensación de impotencia, etc. (Pérez, 2000). 

La niñez es una de las etapas en donde se registra una mayor cantidad de eventos que generan miedo, debido a que las interpretaciones que los niños hacen de los fenómenos que les puede suscitar algún tipo de miedo reflejan algo de la concepción infantil del mundo (Méndez, 1999; Valdez et al., 2010), donde la falta de información y de experiencias los hace más vulnerables a ellas y no las pueden evitar fácilmente. En la niñez se pueden presentar los siguientes miedos:  6-12 meses, miedo a personas extrañas, ruidos fuertes; 0-2 años, miedo a estímulos intensos y desconocidos, separación de las figuras de apego; 2-4 años, animales, oscuridad, tormentas, médico; 4-8 años, oscuridad, animales, criaturas imaginarias (brujas, fantasmas, monstruos); 8-10 años, catástrofes, daño físico, ridículo, exámenes y suspensos; 10-12 años, accidentes, enfermedades, rendimiento escolar, exámenes y suspensos, conflictos graves entre los padres (Marks, 1990; Echeburúa, 2000; Méndez, 2000; Pérez, 2000).

Trastornos nocturnos por miedo 

Pesadillas, se definen como un sueño desagradable, acompañado de miedo y angustia que se recuerda vívida y detalladamente al despertar, entre los niños, la máxima intensidad se da de los cuatro a los seis años. De acuerdo al DSM-IV (APA, 2002), al igual que los terrores nocturnos, cuando las pesadillas aparecen en la infancia tienden a desaparecer por sí solas, cuando aparecen en la vida adulta tienden a cronificarse (Pérez, 2000).

Terrores nocturnos, se caracterizan por una descarga vegetativa durante el primer tercio del periodo del sueño, en fase No REM. Se produce una incorporación súbita en la cama, con expresión de pánico, inquietud motora, taquicardia, taquipnea, sudoración y pupilas dilatadas. El cuadro de expresión típica lo constituyen los ojos muy abiertos, la cara de terror, los gritos o lloros, y la piel y pelo erizados, con una duración de cinco a diez minutos. Si estos aparecen en la edad adulta tienden a asociarse con trastornos neurológicos y psicológicos (Pérez, 2000).

Los miedos y los trastornos nocturnos, incluso los miedos en estado de vigilia, pueden estar asociados al proceso normal del desarrollo debido al proceso de maduración del sistema nervioso y del cerebro. También de entre los orígenes más frecuentes se encuentra la ansiedad o la culpa que genera un estado de angustia en la vida cotidiana, el temor a castigos, a malos tratos, o alguna experiencia vivida de forma traumática (Pérez, 2000).

Pruebas para la evaluación del miedo en niños

Dibujo de la figura humana: Es recomendable para niños de entre cinco y doce años y se toma como interrogantes fundamentales para su análisis, las siguientes: 

  1. ¿Cómo dibuja la figura? Los signos, los símbolos y la manera en que los realiza revelan el retrato interior del niño y muestran su actitud hacia sí mismo.
  2. ¿A quién dibuja? Dibujan a la persona que más les interesa, en la mayoría de los casos se dibujan a sí mismos, lo que no necesariamente puede ser muestra de conflictos para sí.
  3. ¿Qué está tratando de decir? Representa una expresión de sus actividades y conflictos, un deseo o ambas cosas. La manera de dibujar refleja la actitud hacia sí mismos (Koppitz, 1976; Rojas & Barreat, 2009).

SCAS, en caso de que el niño presente síntomas referentes a miedos severos, ansiedad e incluso depresión, se recomienda aplicar la Escala de Ansiedad para Niños de Spence (SCAS, por sus siglas en inglés. La SCAS es un instrumento de autoinforme de 44 ítems al que responden los niños, de los cuales: seis ítems miden la ansiedad de separación, seis trastornos obsesivo-compulsivos, seis pánicos, tres agorafobias, seis fobias sociales, seis ansiedades generalizadas y cinco el daño físico. Además contiene seis ítems que no se califican, ya que tienen el objetivo de disminuir el impacto del sesgo negativo que produzca el listado de problemas. La puntuación se obtiene mediante una escala de cuatro opciones que consisten en 0-nunca, 1-a veces, 2-muchas veces, y 3-siempre. Se califica mediante la suma de los puntos obtenidos para cada ítem, a mayor puntaje, más ansiedad (Hernández et al., 2010).

Técnicas psicológicas para tratar el miedo

La desensibilización sistemática, mediante esta técnica se trata de ayudar al niño a enfrentarse poco a poco al objeto temido, para lo que, con su apoyo: 1) se recoge información detallada sobre el objeto o situación temida; 2) se entrena al niño en técnicas de relajación u otras conductas incompatibles con el miedo; 3) se elabora una jerarquía de escenas o situaciones que le generan miedo, ordenándolas desde la que menos le produce miedo hasta la que le produce mayor temor; y 4) se avanza progresivamente a través de  la lista, presentando las escenas cuando el niño está relajado, acercándolo progresivamente al objeto temido (Pérez, 2000).

Técnica de imágenes emotivas, esta técnica es más eficaz en niños mayores de 7 años, al igual que la técnica anterior se trabaja con una jerarquía de estímulos, esta jerarquía se trabaja a través de la realización de narraciones en donde se inserta una imagen emotiva inhibidora del miedo (Pérez, 2000).

El modelo filmado, se le muestra al niño una filmación donde se observa a un personaje enfrentándose a una situación temida, donde finalmente todo sale bien. Esta técnica es recomendable para niños que serán sometidos a una intervención médica (Pérez, 2000).

Conclusiones

El miedo es algo natural en la infancia, sin embargo se puede convertir en algo patológico si el entorno en donde se encuentra  no es adecuado, como en el caso de hijos cuyos padres son en exceso autoritarios y exigen demasiado o por lo contrario son sobreprotectores. En el presente trabajo se mencionan algunas técnicas para trabajar con el niño, pero es muy probable que se tenga que trabajar terapia familiar para cambiar las condiciones en las que se desarrolla el niño y se observen mejores resultados. Para nosotros los psicólogos queda la tarea de prepararnos y mantenernos actualizados  para brindar una mejor intervención, pues el miedo puede complicarse y dar lugar a diversos trastornos o fobias.

 

 

 

 

Referencias:

Hernández, L., Bermúdez, G., Spence, S., González, M., Martínez, J., et al. (2010). Versión en español de la Escala de Ansiedad para Niños de Spence (SCAS). Revista Latinoamericana de Psicología. Colombia. Pp. 14-16. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=80515880002

Pérez, M. (2000). El miedo y sus trastornos en la infancia. Prevención e intervención educativa. Ediciones Universidad de Salamanca. Salamanca. Pp. 123-141. Recuperado de: https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/69368/El_miedo_y_sus_trastornos_en_la_infancia.pdf;jsessionid=B5F9A244EF34FBCE13DFAC5CA52C0A70?sequence=1

Rojas, M. & Barreat, Y. (2009). Programa de intervención dirigido a modificar la conducta de miedo en niños/as. Educere. Venezuela. pp. 510-512. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/356/35614572025.pdf

Valdez, J., Álvarez, A., González, D., González, N. & González, S. (2010). Tipos de miedos más frecuentes en niños de primaria: Un análisis por sexo. Psicología Iberoamericana. México. pp. 48-49. recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/1339/133915936006.pdf

 

 

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