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¡LA MAGIA DEL NIÑO INTERIOR!

María de los Ángeles Patiño

Considero de esencial importancia, abordar el concepto del Niño Interior, pues desde mi experiencia, representa uno de los regalos mas útiles que me ha dejado trabajar este valioso recurso; ya que  ha sido una herramienta indispensable para trascender  temas de autoestima, pareja, relación con los padres  y una larga lista de beneficios, no solo a nivel personal sino también profesional aplicado en  terapia a los pacientes.

La primera vez que escuche este término del niño interior, fue cuando acudí a terapia,  tras una profunda crisis derivada de un divorcio,  sin ánimo alguno ni esperanza… recuerdo que mi terapeuta comenzó a reflejarme que en toda persona, sin importar genero, edad, condición económica o social; existe un niño interior en cada persona,  este niño, determina cómo piensas, sientes, actúas, reaccionas y te relacionas con los demás.

Sinceramente, cuando escuchaba del niño interior, imaginaba una pequeña yo, viviendo dentro de mi cuerpo, moviendo palancas y botones en una computadora que dirigía a mi yo adulto cuando perdía la calma o  me sentía sola. Sin embargo, ahora  comprendo, que el niño interior como entidad física no existe; si abrieran nuestro cuerpo, no podrían encontrar  vestigio alguno de un niño interior o una mini-yo pequeñita; más bien, como afirma la autora Raquel Levinstein,  ”… al descubrir que el niño interior que buscas afanosamente eres tu mismo, extraviado en un ayer que a través de la conciencia se hace hoy,  en un tiempo sin tiempo, sin reloj ni calendario; también a estas alturas sabes que se encuentra perdido en la parte obscura del la mente, atado con lazos emocionales a los recuerdos de un ayer doloroso que, de manera inconsciente, te obligan a  repetir los hechos lastimosos que fracturaron tu alma de niño.

“A lo largo del desarrollo en las diversas etapas que conforman la infancia, se experimentan situaciones que afectan el mundo emocional del niño y que van quedando grabadas en las profundidades de la inconsciencia, con la peculiaridad de que cuando estas han generado un profundo  dolor, culpa o vergüenza, la dinámica de la mente tiende a ocultarlas en los niveles mas recónditos, gravándolas con la fuerza  de la emoción de ese momento….” [2].

Muchos de nosotros hemos vivido muchos años buscando el amor, la aprobación, la valoración y el apoyo de otras personas; si comprendiéramos que eso que buscamos, es precisamente lo que nos demanda nuestro niño(a) interior herido(a),  podríamos avanzar en este  extraordinario viaje denominado vida.

A mayor abundamiento, cuando somos niños, necesitamos ser vistos y reconocidos por nuestros padres,  de igual manera es importante sentirnos valorados, aceptados y aprobados para concebirnos queridos sólo por ser quienes somos, lamentablemente no siempre sucede así y existen muchas historias de infancias complejas.

Es de explorado conocimiento, que nacemos  con un equipaje enorme de creencias evolutivas, históricas,  económicas, sociales, culturales, familiares, “programas y creencias”  impuestos a la sociedad.

Consecuentemente, con las primeras heridas, empezamos a construir nuestras propios caparazones, es decir, a generar mecanismos de defensa, que nos permitan adaptarnos y sobrevivir  y en este sobrevivir -que no es lo mismo que vivir-, vamos quedando enredados en una lucha interminable con la vida, en lugar de experimentar la danza de la vida, que es la danza de la creación.

En algún momento de nuestra vida,  la mayoría de las personas tenemos o hemos tenido heridas emocionales (heridas de traición, abandono, rechazo, miedo… y un largo etcétera), por ese motivo una parte fundamental del viaje de sanación tiene que ver con la comunicación y sanación de nuestro niño interior herido, pues no solamente construimos blindajes a partir del adiestramiento que recibimos: en algún momento interpretamos que para que nos quieran, debemos tener una determinada actitud y  así comienza la construcción de  mascaras y roles,  creyendo  que nos ayudaran a ser aceptados, vistos  y queridos.

Por ejemplo, un niño que recibe atención cuando está enfermo puede acabar usando la enfermedad para obtener cariño, desarrollándose en un adulto victimista o hipocondríaco para llamar la atención. Tal vez, si es aplaudido por algo que hace bien, el niño puede quedarse atrapado en  la necesidad de ser brillante y perfecto para mantenerse en esa postura de halago y reconocimiento, “también el amor excesivo  o sobreprotección deja  una huella indeleble en el alma del niño, haciéndolo temeroso, inseguro, rebelde,  agresivo o aislado y tímido, además de endeble emocional…” [3]

En este orden de ideas, el niño interior herido busca afuera de  él, aquello que más necesitó recibir durante su infancia y le fue negado: un trato amoroso por parte de los adultos que estaban a su alrededor y que eran responsables de su cuidado, de alimentarlo y amarlo, fortaleciendo también su crecimiento físico, emocional y espiritual.

Un niño interior que se siente atendido, visto, cuidado y amado,  se refleja en un adulto que fluye con sus emociones, no juzga ni se juzga , tampoco hiere ni se hiere porque está atento a si mismo, a lo que le pasa y siente.

En este sentido, salir al  encuentro de nuestro niño interior, nos pone en contacto con nuestra alma y en consecuencia con toda la potencialidad de nuestro Ser: creatividad, imaginación, capacidad de asombro y de experimentación, el contacto con las propias emociones y su expresión, ausencia de juicio, vitalidad, experimentación pura del presente…¡magia pura!.

Así pues, enfoques como la terapia Gestalt  -que de manera enunciativa, mas no limitativa se señala-,  proporciona poderosas técnicas para ir al encuentro de ese maravilloso niño interior:  al   niño herido  para consolarlo y permitir que esas heridas, presentes en el adulto, se vayan cerrando y al niño sano, para recuperar esa parte de su autentico yo y de su capacidad para vivir y celebrar el presente.

Con el conocimiento,  poder y la capacidad que ahora tenemos, podemos aprender a escucharle, abrazarle, acoger sus sentimientos, educarle y ponerle límites saludables a sus reacciones y comportamientos. Todo ese proceso forma parte del maravilloso trabajo con el niño interno. Concluyo este escrito,  con  el siguiente poema:

ABRAZA A TU NIÑO INTERIOR

Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido.
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el Amor.
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado.
Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado.

Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado.
Abraza la desgana, la apatía, la falta de sentido, porque detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es…
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado.

Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse
y no pararán hasta ser escuchados.

Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más.
Aprender a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida…
ésta es la tarea de hoy.

“Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con lobos”[4]

[1] http://macronews.mx/estado/desarrollo-humano/sanar-al-nino-interior/

[2] Raquel Levinstein. (2006). En busca de un ayer perdido. México: Panorama Editorial.  36-40.

[3]  Raquel Levinstein. (2006).  p. 40.

[4] http://www.espaciomenteysalud.es/tag/el-nino-interior/

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