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La comunicación como parte del proceso de socialización

 

La comunicación humana es la esencia de la socialización, por la que ha sido objeto de estudio desde su forma, función y deficiencias que se llegan a presentar desde diferentes disciplinas como la psicología, psicoanálisis, sociología, educación, pedagogía, filosofía, entre otras.

Sin embargo, desde una mirada transgeneracional, se intenta ir más allá de lo que se alcanza a mirar y de la temporalidad. La forma y función de la comunicación proviene desde el árbol genealógico, es decir, que los individuos comienza a comunicarse desde antes de su concepción, puesto que la información genético trae consigo material de mensajes de conductas y rasgos; durante el nacimiento reciben información de entorno y se comunican con la carga genética heredada.

Valle, M. (2014:4). “… Existe un impulso por transmitir, un imperativo psíquico, una necesidad inconsciente vinculada a la pulsión de conservación y de continuidad de la vida psíquica…”

Una vez en contacto físico con su entorno (familia) se termina de consolidar su proceso de socialización, de todo ello no todo será consciente como las creencias, ideales, ritos, costumbres, enfermedades, fantasías, etc. Todo ello por una vía psíquica.

Valle, M. (2014:4). “Desde el nacimiento, ya somos miembros de distintos espacios psíquicos intersubjetivos desde los cuales nos es transmitida por vía psíquica la formación de ideales, las referencias identificatorias, las representaciones, los mecanismos de defensas, creencias, mitos, ritos e ideologías”.

En la interacción del ser humano en sociedad interpreta los mensajes del exterior y respondiendo con los recursos que tenga a la mano. Aun un contexto desde su perspectiva no le muestre actividad, aun así recibe información y brinda una respuesta. Es decir, que un ser humano cayado, quieto, baja expresividad facial, etc., aun así manda un mensaje.

Watzlawick,  P., Beavin, J. & Jackson, D. (1991: 29). “no hay no-conducta, o, para expresarlo de modo aún más simple, es imposible no comportarse. Ahora bien, si se acepta que toda conducta en una situación de interacción1 tiene un valor de mensaje, es decir, es comunicación, se deduce que por muchos que uno lo intente, no puede dejar de comunicar.”

La comunicación se ha desvirtuado, la socialización cuenta con deficiencias de índole intrapsíquico e interpsíquico, es difícil que pueda contactar, las relaciones se han vuelto superficiales, carentes de vinculo y apego.  Los mensajes plagados de representaciones simbólicas inconscientes vuelven la comunicación cada vez más compleja. La seguridad en la comunicación es deficiente, el referente carece de sentido, lo cual deja un vacío para su respuesta. La comunicación se basa en el “como si”, donde no se percibe una identidad.

Galimberti, U. (2002: 207) “afirma O. Fenichel– parecen normales porque logran sustituir con ‘seudocontactos’ de distintos tipos un contacto sentido y real con las otras personas; se comportan ‘como si’ tuvieran una relación sentida con los demás”.

La dinámica social decae por una falta de compromiso real. Esta a su vez, deteriora el sentido de pertenencia en el contexto, volviéndose en un choque intrapsiquico y a su vez relacional formando capaz de “niebla” perdiendo así la sensibilidad a mirar desde otra postura. En este sentido, se puede percibir que la sociedad, la familia, e individuos se encuentran en un brutal caos de comunicación. Aunque como “sistemas” intervengan y traten de darle un acomodo con sentido superficial, la necesidad de no asumir la responsabilidad sobre las consecuencias de su comunicación.

Koestler (citado en Watzlawick,  P., Beavin, J. & Jackson, D. 1991: 52): Las relaciones familiares pertenecen a un plano donde no rigen las normas corrientes del juicio y la conducta. Son un laberinto de tensiones, disputas y reconciliaciones, cuya lógica es autocontradictoria, cuya ética surge de una cómoda jungla, y cuyos valores y criterios están distorsionados como el espacio curvo de un universo cerrado. Se trata de un universo saturado de recuerdos, pero son recuerdos de los que no se aprende nada; saturado de un pasado que no proporciona orientación para el futuro. En este universo, después de cada crisis y cada reconciliación, el tiempo comienza de nuevo y la historia siempre está en el año cero.

La comunicación deficiente deja brechas marcadas a lo largo de las generaciones, siendo así que se repiten os patrones de comunicación, debido a que no han sido elaboradas para tomar nuevas vertientes, corrompiendo con la homeostasis. Además a la comunicación no solamente se le puede estudiar desde una postura de causa-efecto, pues es convertida en circularidad, transgeneracional y simbólica.

Referencias

Del Valle, M. (2014). Transmisión transgeneracional y situaciones traumáticas. Temas de Psicoanálisis. No. 7. México.

Galimberti, U. (2002). Diccionario de psicología. Edit. Siglo XXI. México.

Yildiz, I. (2010). Modalidades de comunicación y comprensión en psicoanálisis. Federación Psicoanalítica de América Latina. Bogotá, Colombia

Watzlawick,  P., Beavin, J. & Jackson, D. (1991). Teoría de la comunicación humana. Edit. Herder. Barcelona

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