EMPATÍA Y ECPATÍA EN EL QUEHACER PSICOLÓGICO

EMPATÍA Y ECPATÍA EN EL QUEHACER PSICOLÓGICO

Por Gabriela Pérez Ramírez

Por Gabriela Pérez Ramírez

La palabra empatía es un recurso humano que sirve para generar vínculos y agruparnos. Sirve para solucionar problemas y para poder brindar servicios. En el ámbito de la Salud es un recurso indispensable para poder ejercer. Tal es el caso de psicología.
La empatía tiene origen en el griego, Patheía que significa “sentir en” o “sentir dentro”. De acuerdo con la Real Academia Española (2018) la empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Para Horney y Sullivan (citados en enciclopedia de la psicopegogía, 2006), es la comunicación afectiva con los demás, la base de un buen proceso de identificación. En el ámbito psicoterapéutico se podría decir que es una cualidad que le permite al especialista sentirse en el lugar del consultante, adoptar su marco de referencia y comprender objetivamente sus sentimientos y conductas.
Poder establecer un lazo empático constituye uno de los atributos sine qua non del del especialista. No se puede prescindir de ella, pues permite contactar con la emoción del otro, de manera que el acompañamiento sea sensible, respetuoso y amable.
Sin embargo, como en todo, existe un límite que demarca la delgada línea “entre ponerse en el lugar del otro y adueñarse del lugar del otro”. El hecho de contactar con la emoción de otros puede llegar a ser peligroso sino no hay demarcación que permita hacer tal diferencia.
En psicología, hacer diferencia entre empatía y sobre-responsabilidad, es de vital importancia, ya que la primera ayuda a entender al otro y la segunda nos responsabiliza de las acciones de otro, que desemboca en cargas emocionales que no pertenecen al terapeuta o al consultante.
El terapeuta debe permanecer atento de no caer en la identificación proyectiva, de no rebasar la línea de la comprensión del otro a la identificación en el otro. Para ello, el acompañamiento terapéutico del propio especialista sea hace necesario para que éste sea capaz de discernir entre la empatía y la sobre-responsabilización, entre “lo que es del otro” y “lo que es mío”.
Permitir el acompañamiento psicológico siendo psicólogos, no solo es un acto de amor y atención a la salud mental del mismo, sino un acto de responsabilidad hacia el quehacer de la psicología. Se requiere para manejar la propia vulnerabilidad y el impacto de las experiencias ajenas.
Uno de los primeros contactos con el paciente se da en la atención diagnóstica, que se entiende como “comprender a través de…”, es decir, vislumbrar qué pasa dentro del mundo del paciente,
empleando el propio mundo interno. Una forma de contactar entre ambos mundos es a través del lazo empático que permite el acercamiento terapéutico.
Desde esta perspectiva, es necesario que el terapeuta integre herramientas que delimiten hasta dónde la empatía puede generar sensibilidad para el acompañamiento y hasta dónde puede ser perjudicial. Para ello es útil emplear la ecpatía.
El termino ecpatía fue acuñado por J.L. González en el 2004, quien tomó del griego la palabra “Ek”, fuera, y “Pathos”, sentimiento, que se traduce como “sentir fuera” lo contario de empatía. No obstante, este termino no pretende ser el antónimo, como la antipatía, sino pretender ser el equilibrio que compensa la empatía, pero no la anula.
Según J.L. González la ecpatía es un proceso mental voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por el otro.
El riesgo de la sobre-resposnabilidad con el sufrimiento ajeno, especialmente cuando acuden buscando ayuda, es muy elevado. Se puede llegar a caer en la llamada trampa del mesías (Berry, 2003) que viene dada cuando el grado de implicación con otra persona sobre pasa lo sano. Se cree las necesidades ajeas tienen prioridad sobre las propias, llegando a un grado de autoanulación, a través del enganche que termina en una sobrecarga emocional.
La ecpatía nos ayuda a regular el desborde de emociones para quienes ofrecen servicios de apoyo en los sectores de salud, y más aún cuando se trata de la emocional.
Cabe señalar que la ecpatía no es igual a frialdad o dureza emocional, sino que es una herramienta que permite al terapeuta regular el grado de implicación emocional con el otro. La ecpatía hace que el especialista sea objetivo, pues es capaz de establecer lazos empáticos con límites, es decir, distinguir entre “ponerse en los zapatos del otro y quedarse con ellos”. consiste en “ponerse en lugar propio” y no en el del otro.
Sin duda alguna, en el quehacer psicológico la empatía y la ecpatía son dos elementos que deben ser trabajados, para ello, el acompañamiento terapéutico es ideal para gestionarlas adecuadamente.
Referencias
Berry, C. (2003). When helping is hurting me: Escaping the messiah trap. New York: Crossroad Pub.
Empatía, (2008). In: Enciclopedia de la psicopedagogía. Barcelona, España: Océano.
Empatía. (2018). En el Diccionario de la Real Academia Española (30ª ed.) Recuperado de https://dle.rae.es/?id=EmzYXHW
González, J. L. (2004). Empatía y ecpatía. Psiquis, 25 (6), 243 -245.

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