El lenguaje y la comunicación en el niño con Síndrome de Down durante los primeros años de vida.

 Ariadne E. Cruz Piña

El Síndrome de Down fue identificado en el siglo pasado por el médico inglés John Langdon Down; sin embargo fue hasta 1957 cuando el Dr. Jerome Lejeune descubrió que la razón de este síndrome se debe a un cromosoma de más  en el par 21; proviniendo de ahí su nombre “Síndrome de Down ó Trisomia 21”.

Aun no se encuentran de manera certera las causas del por qué ocurre esta alteración, ni cómo prevenirla.

Existen tres tipos de Trisomía 21; la trisomia simple o libre, de traslocación y mosaicismo. La única manera de clasificar con seguridad el tipo de trisomia que presenta el niño; es realizando un estudio genético, el cual es muy costoso. Así que por lo general solo se brindan hipótesis de los logros que el niño pudiera alcanzar con forme va creciendo y se observa su desempeño.

Se tienen registros de la existencia del Síndrome de Down desde 1500 años A.C. (Rogers y Coleman, 1994).

El lenguaje es un código o un conjunto de símbolos por medio de los cuales podemos transmitir ideas e información acerca del mundo. Las palabras escritas o habladas, son los símbolos que usamos en el lenguaje. El lenguaje se usa para la comunicación. Nos comunicamos con el fin de obtener o dar información, o pedir lo que necesitamos.

El lenguaje y el habla involucran más que decir palabras, es comunicación. La comunicación es el medio a través del cual expresamos nuestras necesidades, compartimos nuestras experiencias y revelamos nuestras emociones.

Existen dos aspectos del lenguaje: receptivo y expresivo; primero se desarrolla el lenguaje receptivo. Esta es la capacidad para seguir y responder apropiadamente a preguntas, ya sea por medio de gestos y/o señas. Los niños con Síndrome de Down no presentan problema alguno con este tipo de lenguaje.

Cuando los padres se inclinan a la cuna del bebé y le hablan ó le piden se acerque estirándole los brazos; desde ese momento comienza el lenguaje.

El lenguaje expresivo tiene que ver con la capacidad de comunicarse de forma escrita o por medio del habla. El habla es el área donde los niños con Síndrome de Down presentan mayores dificultades. Adquieren lentamente palabras nuevas, presentan falta de fluidez, poca espontaneidad en el habla y mala articulación. Estos problemas son derivados de la estructura e hipotonía del aparato vocal y/o trastorno auditivo. El lenguaje y la articulación se pueden mejorar, sin embargo esta mejoría depende de otros factores tales como el tipo de Síndrome de Down que presenta el niño, factores socioculturales, etc.

La intervención temprana y el entrenamiento en el desarrollo del lenguaje es esencial.

Los padres son una pieza clave para este proceso; es importante que le hablen constantemente al bebé; los gestos deben ser coherentes con el discurso.

Los cuidadores del niño deben responder a la comunicación no verbal cuando esta se presente; además de crearle la necesidad para que se comunique. Ejemplo: enseñarle a alcanzar su mamila o pedirla.

El balbuceo juega un papel muy importante en el proceso del habla. Los balbuceos y las vocalizaciones emitidas por el bebé son, ejercicios vocales que proporcionan fuerza y agilidad a la articulación y vocalización. El balbuceo también ofrece retroalimentación auditiva, acostumbrando al niño al sonido y a las variaciones del habla.

Los bebés con Síndrome de Down presentan balbuceo; sin embargo este no es tan frecuente ni tan sostenido como el de un bebé regular. Es por eso que los padres o cuidadores deben estimular al bebé mostrando atención cuando lo hace y platicando con él.

Un bebé regular puede practicar ejercicios vocales durante lapsos de tiempo muy prolongados; el bebé con Síndrome de Down no lo hace, así que el adulto deberá motivarlo.

Tengamos contacto visual cuando hablemos con el bebé, hagamos balbuceos con él, señalemos objetos o personas cuando digamos su nombre. Ejemplo: mamá, papá, oso, mesa, etc.

Si vemos que nuestro bebé trata de imitar nuestros gestos; asintamos con la cabeza, demos una sonrisa y de esta manera alentemos su participación; recordemos que nuestros gestos siempre deben coincidir con nuestro discurso.

Cuando hablemos, siempre debemos dar una pausa para darle oportunidad al bebé de contestar, no interrumpirlo y alentar a que siga el balbuceo.

También se debe jugar con la intensidad y el tono de la voz, para que así el bebé comience a identificar diferentes tonos de voz y asignarle emociones al discurso. Además el cuidador o padre podrían detectar alguna problemática con el aparato auditivo del niño.

Como ya hemos mencionado el niño con Síndrome de Down podría presentar problemas en el aparato auditivo, esto puede ser debido a las irregularidades en los canales auditivos comunes al síndrome o bien por infecciones en el oído provocadas frecuentemente por resfriados y alergias.

Las fotografías y nuevos objetos son de gran ayuda para estimular la vocalización del infante. Estos objetos también son de gran ayuda para estimularlo cuando se encuentra solo.

Se debe permitir que el bebé las toque y golpetee; mientras el adulto habla sobre la imagen y realiza sonidos relacionados con dicha imagen o fotografía.

El siguiente paso después del balbuceo es el desarrollo del lenguaje con significado. Como hemos señalado anteriormente, el lenguaje es más que la pronunciación de palabras; es un sistema complejo de lenguaje receptivo y de desarrollo cognoscitivo y social. Es importante reiterar que aunque el niño domine todas las habilidades necesarias, esto no garantiza que se producirá el lenguaje hablado.

El desempeño receptivo, social y cognoscitivo de los niños con Síndrome de Down sobrepasa en gran medida su capacidad para hablar.

A continuación comentaré brevemente sobe la “Técnica de la comunicación total” (“Basic Preschool Signed English Dictionary de Konapell et al; Gallauder College Press, Washington, D. C; 1973” y “Teach Your Child To Talk de David R. Pushaw, Dantree Press, Nueva York, 1976”) la cual ha dado buenos resultados en los niños con Síndrome de Down.

Dicha técnica consta en enseñar un lenguaje con señas a los niños; recordemos que el objetivo principal es desarrollar en nuestros niños una comunicación significativa.

Las señas deben coincidir con el significado de las palabras y además debemos acompañarlas con la pronunciación de la palabra.

De esta manera se pretende que el niño cuente con un lenguaje de gestos y señas para que logre comunicar lo que desee y evitar la frustración de no ser entendido ó peor aún que los padres o cuidadores lo presionen para aprender a hablar.

Algunos padres han mostrado desagrado por esta técnica; ya que temen que el niño se acostumbre a comunicarse con señas y no intente “hablar”. Se ha comprobado que los niños sometidos a esta técnica dejan de utilizar las señas cuando comienzan a vocalizar y a pronunciar palabras.

El Síndrome de Down es una condición de vida; los niños que presentan este síndrome cuenta con muchas herramientas para lograr un desarrollo biopsicosocial optimo.

Son poseedores de un sinfín de habilidades y aptitudes; en la actualidad podemos observar que existen muchos casos en los que los chicos con Síndrome de Down destacan en el deporte, en la cultura, a nivel profesional, etc.

Sin embargo un aspecto característico del síndrome es la dificultad en el lenguaje expresivo.

Es por esto que como padres, maestros o terapeutas debemos brindarle a estos niños todas las herramientas necesarias para que esta dificultado no sea un impedimento en su desarrollo integral.

La terapia de lenguaje es de suma importancia para el niño con Síndrome de Down; sin embargo el niño seguirá presentando dificultades para hablar en mayor o menor grado. Lo importante será que el niño sepa comunicar sus ideas, alegrías, desagrados, sueños; y sepa interactuar con su entorno.

 Bibliografía:

Valentine Dmitriev. (2010). El bebé con Síndrome de Down Manual estimulación temprana. México: Trillas.

Milagros Damián Díaz. (2003). Niños con Síndrome de down. México: Trillas.

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