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El estado lingüístico de las personas sordas en situación de destinatarios del servicio de interpretación

Arlette Escobedo Delgado

Desde el paradigma socio antropológico, algunas personas sordas son identificadas como miembros reales de la comunidad.  Este es el caso de los hijos sordos de padres sordos que actúan como agentes socializadores, modelos de identidad sorda dentro de las asociaciones de sordos y que por esta misma razón, deberían trabajar con los niños dentro de las escuelas especiales.  Estos, generalmente, constituyen el grupo de los líderes sordos que pretenden lograr un cambio social para su colectivo. Por otro lado, están los miembros potenciales de esta comunidad que se distinguen por ser hijos sordos de padres oyentes.

En este punto referido al estado lingüístico de las personas sordas en situación de destinatarios del servicio de interpretación, cuando se mencione, no se hará referencia a los líderes ni a aquellos que sin ser hijos de padres sordos desarrollan un perfil que les permite constituirse en referentes de sus pares ni a los sordos exitosos.

Hecha esta aclaración, se sabe que aproximadamente  el 95% de las personas sordas provienen de familias oyentes que desconocen la lengua de señas, lo que desde un inicio los coloca en una situación de deprivación comunicativa en su entorno directo y primero.

En este sentido, la escuela para sordos, -docentes oyentes y sordos, administrativos y el resto del plantel-, que ofrezca a los niños un contexto en lengua de señas pura desde muy pequeños, se convierte en una solución para este altísimo porcentaje.  Debería ser el medio ambiente esencial, primero e insustituible para la socialización, el desarrollo de la identidad sorda y la adquisición espontánea de la lengua de señas.  En este espacio es necesario que se posibilite su desarrollo integral, comenzando por el lenguaje como capacidad biológica, el pensamiento y la inteligencia.

Si las escuelas no cumplen este rol posteriormente, entre los 14 y los 18 años ingresan a la escuela secundaria en aulas exclusivas para alumnos sordos o peor aún, en aulas de oyentes, en estado de semilingüismo:  saben palabras habladas aisladas, señas aisladas y no saben leer ni escribir.  Allí se encuentran con los intérpretes de lengua de señas y con los docentes de educación media que suelen desconocer esta situación.

En esta etapa también, y en el mejor de los casos, llegan a las asociaciones de sordos en el estado lingüístico descripto, y recién allí empiezan a ser socializados por los líderes, en el sentido de que comienzan a incorporar formas de funcionamiento internas de esta comunidad, modos de conducta, valores y normas, entre los que se encuentra la comunicación en lengua de señas.

Así las cosas, las consecuencias de una educación oralista, o fallidamente bilingüe o pretendidamente inclusiva en aulas de oyentes, no les han permitido la adquisición natural, temprana y completa de la lengua que se adapta a sus condiciones psicofísicas: la de señas.  Esto les impide desarrollar plenamente y en las etapas adecuadas, el lenguaje como capacidad biológica y la inteligencia, por lo que, al egresar de la escuela primaria, se encuentran desfasados temporalmente en estos aspectos.  A penas producen señas, apenas hablan, -y en las mejores situaciones-, a penas leen y escriben.  Peor aún llegan a esta etapa con importantes vacíos conceptuales.

En estas circunstancias se encuentran con intérpretes en el ámbito educativo secundario y con intérpretes de conferencias en eventos de oyentes – congresos, seminarios, jornadas, talleres – es decir, frente a discursos académicos que exceden con holgura el nivel de este grupo humano.

Todo esto ubica a un altísimo porcentaje de la población sorda en una situación de asimetría social, de desigualdad, de discriminación negativa o arbitraria y los posiciona como ciudadanos de segunda categoría frente al colectivo oyente.

Entonces si la educación de los niños no cambia rápida y adecuadamente para solucionar estos aspectos, en sus etapas posteriores no podrán comprender la interpretación, aún cuando se realice correctamente.  En estas circunstancias, este intento de acto comunicativo tripartito ya se tornará inútil.

Bibliografía consultada

Burad, Viviana (2005). Ética y procedimiento profesional para intérpretes de lengua de señas. Mendoza, Argentina.  Editorial Facultad de Educación Elemental y Especial. Universidad Nacional de Cuyo.

Eco, Umberto (1994). La búsqueda de la lengua perfecta. Barcelona, España. Editorial Grijalbo Mondadori.

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