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DECIR ADIÓS A  UN ANIMAL DE COMPAÑÍA

María Patiño

Es un hecho innegable que la existencia del ser humano es un caminar entre logros, sufrimientos e ideales. La enfermedad y la muerte, son parte inexorable de la existencia humana, no como una condena, sino como una oportunidad de crecimiento y de dar un significado trascendente a la existencia.

Sin embargo, nuestra cultura hedonista y materialista ha ido centrando el valor de la existencia humana en el placer y el acumular bienes materiales, olvidando que la plenitud del hombre no se encuentra en “el tener”, sino en “el ser”, como lo señalaba Erich Fromm en su libro: “Tener o Ser” (1978).[1]

Es así, que la Tanatología, ofrece al hombre de este milenio, una nueva luz para resignificar hechos como la muerte, el sufrimiento, la enfermedad y las pérdidas, resaltando la importancia de que la persona que vive una enfermedad terminal o que enfrenta una pérdida reciba una atención profesional acorde con sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales.

Por su parte, la Logoterapia, en cuanto que se centra en ayudar a la persona a encontrar un sentido en cada una de las etapas de su vida, incluidas experiencias como el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, da importantes herramientas a la Tanatología.

Concretamente, la Logoterapia brinda a los tanatólogos herramientas para enriquecer su trabajo de cada día, en el hospital, en los albergues, en la casa, en cualquiera de las situaciones y circunstancias en que la persona y la familia enfrentan una enfermedad terminal y un proceso de duelo, cuando la cercanía de la muerte nos interpela para hacer una reflexión profunda sobre el sentido último de nuestra existencia.

Medicamente la eutanasia se considera como la interrupción de la vida, por medio de un método indoloro, que produce una rápida inconsciencia seguida de la muerte. En lo que se refiere a los animales, se emplean palabras como “sacrificio humanitario”, “poner a dormir”, sin embargo, algunos de ellos son eufemismos que no deben utilizarse por ser incorrectos y poco precisos; por ejemplo el sacrificio más bien se refiere a una ofrenda hecha a Dios con carácter de expiación o petición; o cuando alguien se ofrece voluntariamente por amor a los demás.

En hebreo, el término “mitát jasadim”, significa Muerte con misericordia, que es una frase más adecuada para referirnos al acto de interrumpir la vida de un animal, con el mínimo sufrimiento.

La palabra misericordia, quiere decir que se tiene el mismo corazón que “el otro”, sea este humano o animal, y comprende la bondad, la ternura, la clemencia, el amor y lo más importante el acompañamiento.

La misericordia también puede ser sinónimo de compasión (que no es lástima); la compasión es padecer o sentir junto con…. [2] Por lo que darle a un animal una muerte compasiva o con misericordia, va más allá de quitarle la vida solamente; involucra la responsabilidad de decidir el momento y forma de su muerte, y principalmente el no dejarlo solo durante ese proceso, para que al sentir a sus amigos humanos cerca de él cuando su vida termine, disminuya no sólo su dolor físico, sino también su angustia y sufrimiento.

¿Quién debe tomar la decisión para una muerte con misericordia? La respuesta es compleja, pues una decisión responsable siempre es una decisión inteligente; sin embargo, una decisión inteligente no necesariamente es responsable.

Las decisiones meramente inteligentes están basadas en intereses propios, ya sean del dueño, del médico o de la sociedad, sin considerar al paciente quién a su vez manifiesta intereses propios como es el de seguir viviendo a pesar de sus limitaciones físicas, de su edad avanzada o de tener un temperamento agresivo; es así como la convivencia de cuidar el aspecto económico, el tiempo para los cuidados especiales requeridos o el miedo al sufrimiento, entre otros, respalda la decisión de la persona de interrumpir la vida del paciente, la cual bajo estas circunstancias no es moralmente aceptable

El consejo responsable del médico y la decisión del dueño deben basarse en el compromiso dado por la  amistad con el animal; un amigo siempre acompaña, agota las alternativas para encontrar una solución, pero también sabe escuchar cuando el paciente, su amigo, prefiere morir.

Para ello, puede hacerse las siguientes preguntas:

Mi animalito ¿pasa la mayoría de los días “bien”, o casi todos los días han sido “muy malos” para él, desde que empezó su padecimiento?

¿Todavía le llaman la atención sus juguetes?

¿Mueve su cola ante las cosas que normalmente le causan alegría?

¿Tiene ganas de salir a pasear o prefiere no moverse?

¿Acepta la comida y el agua, o hay que forzarlo para que coma?

¿Llora, gime o aúlla como si algo le doliera constantemente?

Nunca estamos realmente preparados para despedirnos de un ser querido, y menos aún para tomar la decisión respecto del momento de su muerte; sin duda es una decisión difícil y dolorosa.

¿En qué circunstancias se debe decidir  por la eutanasia? ¿qué es lo mejor para mi animal de compañía? “En vez de preguntar si un ser viviente puede razonar o hablar, hay que preguntar si puede sufrir. Los animales pueden sufrir lo mismo que los seres humanos, y si se considera que el sufrimiento debe ser evitado, todos estos seres vivientes tienen el derecho de que no se les inflijan sufrimientos” [3](Jeremy Bentham)

Se debe tener en cuenta la opinión de un médico veterinario calificado, que conozca bien la historia del paciente, y aunque cada caso debe ser evaluado en forma individual por el médico competente, hay algunas situaciones o padecimientos en los que está indicada la “muerte con misericordia” para nuestros animales.

“La vida es tan querida por las criaturas mudas,

como por el hombre.

Del mismo modo que deseamos ser felices

y tenemos miedo al dolor,

que queremos vivir y no morir,

así también las otras criaturas”

Su Santidad

El Dalai Lama

[1] https://meditacionesdeldia.com/2012/09/21/tener-o-ser-de-erich-fromm/

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Misericordia

[3] http://www.aforismos.net/autor/jeremy_bentham/1.html

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