CONTRADICCIONES DEL JUEGO

CONTRADICCIONES DEL JUEGO

Por Miriam Hernandez Cortes 

Por Miriam Hernandez Cortes 

El juego es considerado una de las herramientas terapéuticas dirigida principalmente hacia los niños, ellos utilizan el juego como una manera de expresarse,  obtienen mayor libertad y confianza de explorar su interior sin temor a reprimendas, el juego permite que los niños bajen todas sus defensas y expresen sin prevenciones todas aquellas emociones que han guardado.

Pareciera que utilizar el juego propicia una conducta fluida en los niños donde ponen en manifiesto sus fantasías y realidades, con ello, van resolviendo sus conflictos y adquiriendo nuevas formas de responder a su entorno, pero, ¿Es el juego, la solución a todos los problemas psicológicos que presentan los niños (as)?, la respuesta ante este cuestionamiento pudiera ser afirmativa, sin embargo, Dockar-Drysdaler (1990-1993), ha clasificado a los niños como integrados y desintegrados, refiriéndose a estos últimos como aquellos infantes que desde el inicio de su vida han tenido un difícil comienzo, que son empujados a una “independencia prematura” y que pueden llegar a desarrollar números problemas de conducta (rebeldía, son violentos y/o antisociales), y, los niños integrados pudieran conceptualizarse como aquellos que responden mejor a la comunicación  y al reflejo de sus emociones. (Janet West, 2000).

Para aquellos niños desintegrados que buscan llenar vacíos de sus experiencias, habrá mayor complejidad para la utilización del juego, los niños con estas características, pueden llegar a mostrar hostilidad hacia la terapia de juego, no tienen motivación para participar, por lo que, en ese momento la terapia de juego pierde la efectividad esperada, el siempre juego deberá ser placentero para los niños.

Existen otros  conflictos en el niño que determinan como contraindicado el tratamiento con terapia de juego, por ejemplo, cuando el niño tenga gran dificultad de aprendizaje, padezca de autismo o no sepa diferenciar entre la realidad y la fantasía, otras características que influye para no considerar apropiada la terapia de juego, es cuando la familia no tiene deseos de  participar y/o  aceptar la ayuda del terapeuta, el cambio en los niños, también depende de su ambiente, si este, no tiene una participación activa durante el tratamiento, estaría bloqueando los posibles avances del tratamiento.

Es común que la familia no quiera participar dentro del tratamiento por que únicamente están prestando atención a alguna dificultad en la conducta del niño (a) y lo perciben a él como aquel que tienen “el  problema” y que ello impacta hacia todos los integrantes, entonces, al no saber cómo manejarlo, buscan al terapeuta de juego. Los padres o las familias consideran que la finalidad de acudir a terapia es para corregir al niño, sin embargo, muchas de las veces, existen dificultades en los padres que proyectan en el pequeño.

Para West (2000) los niños no son intrínsecamente malos y con frecuencia su conducta se considera como razonable una vez que se comprenden las presiones que su familia y su vida temprana. En mayor grado, el niño es producto de su medio así que si se desea que cambie, también la familia tiene que modificarse.

Por otro lado, también existen casos en los cuales la terapia adquiere mayor efectividad, por ejemplo, cuando es utilizada hacia niños que han pasado por algún tipo de maltrato, niños que han tenido que pasar por diferentes tipos de tutores o aquellos que se encuentran involucrados en algún proceso judicial, con el permiso de la autoridad judicial o considerando no exista un cambio de domicilio de custodia.

En los casos de procesos judiciales entre los padres, es importante que el terapeuta considere y valore si es prudente el inicio de la terapia de juego, ya que, muchas veces se asiste al tratamiento con la finalidad de poder obtener evidencias que favorezcan a alguna de las partes involucradas, con la propósito de conseguir la custodia y resultar vencedor en el asunto.

 A veces, cuando los niños se observan en un proceso judicial y perciben los desacuerdos entre los padres, adquieren un conflicto y un grado de apatía a cualquier intervención que se relacione con el procedimiento por miedo a las consecuencias de su participación, y como se mencionó con anterioridad, los niños que asisten a este tipo de terapia, deberán considerarla como una actividad placentera.

BIBLIOGRAFIA:

West J. (2000). Terapia de juego centrada en el niño. 2a. ed. México: El Manual Moderno.

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