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Cómo afrontar sanamente la separación conyugal

 

Resumen

La separación conyugal genera grandes cambios en la vida de los integrantes, afectando su vida afectiva, social, académica y laboral, así como sus expectativas a formar en un futuro una familia.

Sureda (2007), Aguilar (2006) y Castell (2009) describen algunos pasos para que el proceso de separación se realice lo más sano posible, a fin de que los integrantes de la familia se adapten mejor a los cambios que supone la separación conyugal.

Desarrollo

El manejo adecuado de la separación facilita a todos los integrantes de la familia una mejor adaptación a su nuevo estilo de vida. Sureda (2007), Aguilar (2006) y Castell (2009) describen los aspectos que los padres deben considerar al comunicarles su decisión de divorciarse a los hijos.

Beneficios de una separación sana

Cuando ambos padres deciden y /o aceptan la separación el proceso es más fácil y brinda varios beneficios a toda la familia, entre ellos:

– El proceso legal es más rápido, ya que los cónyuges se ponen de acuerdo más fácil en cuando a la separación de bienes, pensión y custodia de los hijos.

– Se invierte menos dinero en abogados, pues su trabajo resulta ser más sencillo y rápido.

– El tiempo de la separación legal voluntaria se reduce a seis meses; si se realiza el divorcio exprés que entró en vigor en el distrito federal en 2007   tarda alrededor de un mes.

– El desgaste emocional que conllevan los conflictos y los juicios disminuye.

– El estrés al que están expuestos los hijos durante cada discusión de sus padres es menor y facilita su adaptación a la nueva situación familiar.

– La pareja suele ponerse de acuerdo más fácilmente sobre los aspectos relacionados a la educación y bienestar de sus hijos.

– Los hijos pueden seguir frecuentando a ambos padres sin tener conflictos con alguno de ellos.

– Los hijos tiene el amor y apoyo de ambos padres, por lo que su desarrollo emocional se ve menos afectado durante el proceso de separación y la recuperación es más rápida.

– Los hijos pueden seguir frecuentando a la familia extensa de ambos progenitores.

– Los hijos aprenden a resolver los problemas en forma sana, ya que no están expuestos a episodios de violencia entre sus padres.

– La relación entre los cónyuges es más respetuosa y ambos pueden estar presentes en los momentos importantes de la vida de sus hijos, además esta relación es la base para que ambos realicen sus funciones paternas sin obstáculos.

– Ambos padres pueden tener nuevas parejas sin ser recriminados por su ex pareja o hijos.

Sureda (2007) establece los siguientes pasos para que la separación conyugal no sea tormentosa:

Deliberación y decisión

La deliberación es el tiempo que transcurre entre las primeras ideas de separación y la decisión definitiva de separarse, puede ser en uno o ambos cónyuges. Posteriormente se debe informar al cónyuge la decisión de separarse o divorciarse y ambos tomar acuerdos sobre la forma de hacerlo, sobre sus hijos y bienes.

Este primer paso no es fácil, sobre todo si uno de los miembros de la pareja no desea la separación, se desencadenan sentimientos de tristeza, ira e incertidumbre, que pueden durar por varios meses e incluso años, hasta llegar a un acuerdo de separación que convenga a los dos, o tal vez nunca podrán llegar a él (Sureda, 2007).

Comunicar la decisión a los hijos

Los hijos necesitan que sus padres les comuniquen a tiempo y en forma adecuada su decisión de separarse, esto ayuda a sentar las bases para su relación parental postdivorcio. Al niño le debe quedar claro que cada uno seguirán cumpliendo con sus funciones paternales después del divorcio (Sureda, 2007 y Castell, 2009).

La noticia de la separación de sus padres les causa un gran impacto emocional a los menores, y no existe un discurso capaz de minimizar el dolor que la noticia les va causar, por ello es recomendable elaborar un discurso con anterioridad (Sureda, 2007 y Aguilar, 2006).  El relato debe estar dirigido a aclarar cuatro cuestiones importantes:

  • Qué cambios van a producirse.

Se explica a los hijos los cambios que habrá en la familia, qué progenitor  se mudará de casa, cómo alternarán su convivencia, su estancia o cambio de escuela o domicilio; debe quedar claro cómo se va a organizar la familia cuando la separación se haga efectiva.

Es importante evitar que los hijos tomen decisiones importantes como: con quién vivir o cuánto tiempo pasar con cada progenitor, se podrían generar conflictos de lealtad y chantajes emocionales. Al hacerlo deben transmitir calma y control de la situación, es necesario explicarles los motivos de la separación sin entrar en detalles o señalar culpables (Sureda, 2007; Aguilar, 2006 y Castell, 2009).

  • Los hijos no son culpables de la separación de sus padres

Alguno padres evitan dar esta noticia a sus hijos para no lastimarlos, sin embargo, a pesar de ser muy pequeños ellos están preparados para adaptarse a la nueva situación, en ocasiones sino tienen una explicación recurren a la imaginación y a la fantasía, atribuyéndose en la mayoría de los casos la culpa por la separación de sus padres, por ello es importante dejar claro que es una decisión conjunta, y que ninguno de los hijos ha tenido la culpa de la separación.

Para reforzar este mensaje es recomendable evitar las disputas en presencia de los hijos, ya que ellos pueden sentir que son el origen de la discusión, si llegaran a ocurrir es importante aclarar a los hijos que no es culpa suya y que se esforzarán para que no vuelva a ocurrir (Sureda, 2007 y Castell, 2009).

  • El amor de los padres hacia los hijos no cambia con la separación

Uno de los temores más frecuentes en los menores cuando sus padres se separan es que ambos se han dejado de querer y al separarse también los dejarán de querer a ellos, por lo tanto es importante dejarles claro que no será así, aún cuando mamá y papá se separen como pareja, nunca dejarán de ser sus padres y de amarlos como hasta ahora. Para evitar confusiones es conveniente explicar de qué forma y frecuencia será su convivencia con cada progenitor, además de organizar las actividades con cada uno considerando su nueva rutina (Sureda, 2007; Aguilar, 2006 y Dowling, 2008).

  • Los hijos podrán seguir amando a ambos padres después de la separación

Así como necesitan estar seguros del amor de sus dos padres, también requieren estar convencidos de que podrán amar a los dos sin que alguno de ellos se moleste o sin tener que elegir sólo a uno. Es muy importante que además de hacérselo saber, esto se convierta en uno de los ejes a cuidar durante el proceso de separación y que los padres eviten los conflictos de lealtades, para así evitar la generación del SAP. Ambos padres deben transmitir a los hijos la idea de que en la separación no hay buenos y malos, ni víctimas ni culpables para evitar que los hijos se alejen de alguno de ellos (Sureda, 2007 y Aguilar, 2006).

Es recomendable que la noticia se dé en forma conjunta y como una decisión mutua, sin mostrar desacuerdo ante la separación, aún cuando uno de ellos no la desee. Es preferible evitar comentarios de hostilidad o crítica entre los cónyuges, éstos se pueden reservar al espacio privado, donde ellos podrán exponer desacuerdos e incomodidades. Esto facilita que los menores asimilen mejor la decisión (Sureda, 2007 y Aguilar, 2006).

Es importante establecer y mantener un diálogo abierto con los hijos para que ellos puedan expresar sus dudas, preguntas y sobre todo sus emociones o miedos que surjan durante el proceso de separación (Castell, 2009). El niño necesita tiempo para asimilar la noticia, por ello es importante que no se dé en el último momento, cuando uno de sus progenitores deje el hogar.

Lo que no se debe hacer

A fin de favorecer la adaptación de los menores a su nueva realidad se debe evitar lo siguiente:

–   Evitar informar a los hijos sobre los detalles de la separación y/o del proceso de divorcio, ya que el exceso de información puede confundirlos y propiciar conflictos de lealtades hacia uno u otro progenitor (Sureda, 2007).

–   No dramatizar ni mostrar comportamientos victimistas, tales como: “Ahora solo los tengo ustedes…”, “Nos hemos quedado solos…”, “Yo vivo sólo para ustedes…” etc., esto sólo aumenta la ansiedad, la confusión y la inseguridad de los hijos (Sureda, 2007).

–  No dar explicaciones fantasiosas de la ruptura, los hijos necesitan conocer su nueva realidad tal como será. Si se crean fantasías como: “Tu papá/ mamá se fue de viaje…” se entorpece la adaptación a su nueva vida (Sureda, 2007).

–  No alimentar fantasías de reconciliación, los hijos frecuentemente albergan la esperanza de volver a unir a los padres, es importante dejar claro que ambos padres tomaron la decisión y que los hijos no pueden hacer nada para cambiarla. Por ello una vez anunciada la separación debe hacerse efectiva en dos o tres semanas para evitar que los hijos alimenten esperanzas (Sureda, 2007).

–   Evitar hablar mal del otro progenitor delante de ellos y pedir a la familia que no lo haga (Aguilar, 2006).

–   No utilizar a los hijos como terapeutas, amigos o consejeros, se pueden involucrar (Aguilar, 2006).

Preparar un discurso de acuerdo a la edad de los hijos

Es necesario adaptar el discurso a la edad de los hijos para transmitirles un mensaje claro. Pueden  consultar con un especialista.

–   Menores de cinco años: Ellos imaginan a sus padres como una unidad indisoluble y no como personas por separado, no necesitan explicaciones muy largas ni muy detalladas; lo importante es transmitirles confianza y la seguridad de que ambos padres seguirán cerca de ellos, para ello es recomendable utilizar un tono de voz suave (Sureda, 2007 y Dowling, 2008).

–     Entre cinco y ocho años: Necesitan una explicación más amplia de los cambios que afectarán su vida, en esta edad su relación con los iguales suele ser importante, por ello es recomendable asegurarles que seguirán en la misma escuela y con los mismos amigos, siempre que esto sea posible (Sureda, 2007).

–    Entre ocho y doce años: La reacción de los hijos puede ser más airada, ellos imaginan la realidad en términos de buenos y malos, correcto e incorrecto; por lo que suelen implicarse en la ruptura, buscando culpables. Es necesario dejar claro que no hay culpables, además de los cambios que surgirán en su vida (Sureda, 2007).

Después de la noticia

Tras la separación es importante dar seguimiento a las conversaciones con los hijos y mostrar disponibilidad para escucharlos cuando ellos quieran expresar sus sentimientos y necesidades. Se encuentran en un proceso de inestabilidad emocional, necesitan mantener contacto con sus familiares y amigos, que su vida cambie lo menos posible, es decir que ambos padres continúen estableciendo los mismos límites que tenían en casa antes de la separación, los mismos principios para su educación, seguir divirtiéndose con ambos progenitores, aunque sea por separado (Sureda, 2007).

Paternidad para siempre

La familia es muy importante para el adecuado desarrollo de los hijos, en ella establecen las bases para sentirse seguros, amados y  parte importante de su hogar (Aguilar, 2006 y Greenspan, 2004), tras la separación esta base que ha sido segura para ellos se vuelve inestable y los hace vulnerables.  La tarea de los padres implica un mayor reto, por un lado deben restaurar los sentimientos de seguridad y pertenencia que sus hijos requieren, además de fortalecer sus lazos afectivos con ellos, aún cuando ya no vivan juntos.

La función paterna no termina tras la separación conyugal, al contrario se deben reforzar los lazos parentales con los menores para que se adapten mejor a la nueva situación (Castell, 2009). Es importante que durante el proceso de separación ambos padres sigan cumpliendo con todas sus funciones parentales, de alimentación, cuidado y sobre todo de afecto (Castell, 2009). Los hijos necesitan que sus padres estén presentes durante toda su vida. Es cierto que al crecer ya no dependerán de ellos, pero su apoyo y afecto siempre lo necesitarán, por ello es importante que ambos realicen sus funciones paternas con  responsabilidad y compromiso hacia sus hijos, así como con respeto hacia su expareja.

Custodia compartida

Para Ikeda (2008) la custodia compartida significa que ambos padres comparten el derecho de participar en las decisiones que involucren a sus hijos y la responsabilidad de cumplir sus funciones paternas a fin de que los menores se desarrollen adecuadamente, ésta suele acompañarse de un régimen amplio de convivencia.

Entre las ventajas de la custodia compartida que describe Ikeda (2008) se pueden mencionar las siguientes:

–  Se elimina la situación de progenitor vencedor y vencido, ya que al tener los mismos derechos sobre los hijos ya no tienen por qué discutir.

–   Se eliminan juicios innecesarios.

–   La transferencia económica se realiza en forma directa.

–  Los menores tienen más estabilidad emocional, autoestima y confianza en sí mismos.

–   Los niños conviven con ambos padres.

Conclusiones

Durante el proceso de separación conyugal se experimentan, sin duda, una gran cantidad de emociones que dirigen, en la mayoría de los casos las acciones de ambos padres, generando un ambiente hostil dentro del núcleo familiar. Las consecuencias son devastadoras para todos los integrantes y las secuelas permanecerán por mucho tiempo, por ello es necesario reflexionar sobre las acciones que mejorarán la capacidad de adaptación de todos los integrantes a los cambios que se generarán tras la separación, asimismo disminuir aquellas que mantienen en conflicto o generan distanciamiento y sentimientos de culpa.

Siendo un proceso complicado, por la intensidad de las emociones que se presentan durante el proceso de separación conyugal es necesario solicitar el apoyo de un/a psicólogo/a que apoye a cada figura parental para  responder de mejor manera ante la separación, desarrollen habilidades socioemocionales que les permitan comunicarse asertivamente, generando acuerdos y tengan un mejor ajuste a los cambios.

Referencias

Aguilar, M. (2006). Ruptura de pareja e hijos: El Síndrome de Alienación Parental. España.

Castell, P. (2009).  Los padres no se divorcian de sus hijos: Claves para seguir con ellos tras la separación. Madrid: Santillana Ediciones Generales.

Dowling, E. (2008). Cómo ayudar a la familia durante la separación y el divorcio: Los cambios en la vida de los hijos. Traducción de Manzano Bernárdez. Madrid: Ediciones Moratas

Greenspan, S. (2004). Niños Seguros. Fortalezca el sentido de seguridad de

sus hijos. Barcelona: Granica. Págs. 15-58

Sureda, M. (2007). Como afrontar el divorcio: Guía para padres y educadoras. Madrid: Wolters kluwer.

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