ABORDAJE PSICOTERAPÉUTICO DEL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

Erika Ramirez de la Cruz

Hablar del abuso sexual, no es fácil, sobre todo si éste se da en la infancia; es un tema complejo de abordar, que nos hace estigmatizar por el impacto emocional que provoca en nosotros y la sociedad, una cruda realidad que se convive cotidianamente, muchos son los niños y niñas en nuestro país afectados por este grave problema, ya sea dentro de su núcleo familiar o fuera de él, como sociedad tenemos la obligación de hacer frente a esta realidad, para proteger la integridad emocional, física y social de los niños.

Este artículo  tiene como objetivo abordar desde la psicología humanista  existencial con un enfoque Psicodramático  EN EL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA, siendo una herramienta terapéutica para su abordaje en la práctica clínica, para aquellos profesionales que se dediquen al a salud mental.

En cuanto a las estadísticas son alarmantes en nuestro país,  de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) reporta que México ocupa el primer lugar, a nivel mundial, en abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años.

La violencia sexual en México es un delito que va en ascenso. En 2016 se denunciaron casi 30 mil casos nuevos de posibles delitos sexuales en todo el país, cifra superior en tres mil casos a la registrada apenas un año antes, en 2015, cuando se reportaron 27 mil denuncias. Y en el primer bimestre de 2017 estos delitos continúan en incremento, con un alza ya del ocho por ciento.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública evidencian que en 2016 se registraron en números exactos 29 mil 725 averiguaciones y carpetas de investigación por delitos sexuales. De estos casos, doce mil 889 corresponden específicamente a denuncias por violaciones, mientras que 16 mil 836 son otros delitos como abuso sexual, pederastia,  hostigamiento, etcétera.

Esto significa que en promedio en el 2016 cada 24 horas se denunciaron al menos 81 nuevos casos de violencia sexual en el país, o lo que es lo mismo, entre 3 y 4 violaciones o abusos sexuales por hora.

El número de casos denunciados de violencia sexual infantil en 2016 representa un incremento del nueve por ciento respecto a 2015, cuando se reportaron 27 mil 186 casos en las procuradurías y fiscalías de los estados.

Este repunte en los casos de violencia sexual se mantiene en el arranque del 2017. Los datos oficiales indican que en el primer bimestre de este año se registraron cuatro mil 395 casos de violencia sexual que equivalen a un incremento del 8.2 por ciento respecto a los cuatro mil 62 casos del primer bimestre de 2016.

Esto significa que en promedio en el 2016 cada 24 horas se denunciaron al menos 81 nuevos casos de violencia sexual en el país, o lo que es lo mismo, entre 3 y 4 violaciones o abusos sexuales por hora.

Cabe señal  que los anteriores datos corresponden únicamente a los casos que se denuncian en las agencias del Ministerio Público. De acuerdo con estimaciones del INEGI, cerca del 95 por ciento de los delitos sexuales ni siquiera se denuncian, sino que se quedan en la llamada “cifra negra”.

En relación con estos datos fríos pero reales, surge la necesidad de mostrar herramientas que favorezcan a los profesionales dedicados a la salud mental una mayor  sensibilización que garantice al niño víctima del abuso sexual, tanto si es sujeto activo (agresor) como sujeto pasivo (víctima); ya que muchos niños abusados sexualmente que no fueron tratados psicológicamente en la infancia se convierten en adultos abusadores, (víctima –agresor, agresor –víctima).

Para abordar el tema muchos autores y estudiosos califican al abuso sexual infantil como una forma de malos tratos hacia la infancia. En este sentido, es posible entender por maltrato infantil es todas aquellas conductas en las que, por acción u omisión, un adulto produce daño real o potencial a un niño menor de edad.

De manera más amplia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el maltrato infantil como: Los abusos y la desatención de que son objeto los menores de 18 años, [incluidos] todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo, que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro a su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

En cuanto al niño que es víctima de  abuso sexual, y no es  tratado en un contexto terapéutico, esta mala experiencia llega a ser disruptiva, ya que se trata de una vivencia que deja huellas psíquicas negativas permanente ; mostrando signos y síntomas que pueden aparecer a corto o largo plazo, manifestando ansiedad, depresión, sentimientos de culpa, desvalorización, hipersensibilidad, conductas autodestructivas, vergüenza, compulsividad, necesidad de aceptación, control y de perfección, inquietud con determinados adultos, baja autoestima, tiene la sensación de que no vale nada, se puede volverse retraído, perder la confianza en todos los adultos, ,  perdida de la su integridad física, psicológica, biológica, afectiva y social, mostrando dificultades para establecer relaciones con otras personas y hasta llegar al suicidio.

De ahí parte en gran medida la importancia de un abordaje psicoterapéutico, hoy en día  a diferentes corrientes teóricas cada una  muestra  estrategias y esquemas de solución al abuso sexual infantil, siempre y cuando se siguen ciertos lineamientos para su intervención, ya sea desde una postura psicoanalítica, psicodinámica, conductista, cognitiva  y humanista.

Este artículo  pretende mostrar una herramienta clínica de intervención desde un modelo Humanista Existencial Psicodramático,  para lograr mira  a un ser  humano más allá de los signos y síntomas que presenta un niño o un adulto que ha sido víctima de abuso sexual. Como terapeuta es logara un  vínculo  de confianza empático y télica como primer encuentro que favorezca un vínculo contenido y sostenido en la relación terapeuta – paciente.

Por lo que se refiere el creador de este  modelo y padre de la psicoterapia grupal J. L. Moreno, quien formuló al psicodrama como “un método para sondear a fondo la verdad del alma a través de la acción”. Es un enfoque teórico y metodológico que surge de la sociología, el teatro y la psicología. Su núcleo es la dramatización, por medio de la cual se trabajan los aspectos cognitivos, afectivos y corporales, permitiendo integrar una visión holística del ser humano. Este enfoque se desarrolló fundamentalmente en el contexto grupal, concibiendo al ser humano desde una perspectiva vincular – social. Hoy en día se puede abordar de una manera “individual” lo pongo entre comillas ya  en una terapia, aunque se de en este contexto no lo será,  hay rematrización de los (Roles psicosomáticos, familiares y sociales),  dentro del espacio terapéutico.

Sin embargo el Psicodrama nos muestra una forma de comprensión e intervención en el abuso sexual  con las víctimas, ya que en la interacción con los otros, intervienen vivencias del mundo intrapsíquico que determinan la modalidad vincular, los personajes que desarrollamos a través del psicodrama,  facilita la re-construcción a través de  la espontaneidad, favoreciendo nuevas respuesta creativas logrando un  insight dramático y la catarsis de integración en las diferentes áreas familiar, escolar, social  y  área de Sí-MISMO.

No obstante el abuso sexual su tratamiento debe de ser adaptado a las necesidades psico-emocionale y sociales del paciente, en un entorno favorable, protegido y seguro donde  logre intensificar los sentimientos y las emociones, logrando de forma adecuada  y sana aquellos conflictos que se están presentando en el aquí y el ahora.

Las principales técnicas utilizadas dentro del proceso terapéutico  en este enfoque son: El espejo, doble, el soliloquio, inversión de roles e improvisación espontánea, terapia de juego simbólico, rol playing, objetos intermediarios como: (mascaras, títeres, muñecos sexuados, dibujos, fábulas, cuentos, plastilina para moldear  etc.).

Desde este modelo de suma importancia  subrayar que la terapia no va dirigida solo al paciente, (si es un menor de edad),  se trabaja con los padres, cuidadores o tutores,  desde lo individual a lo familiar.

El éxito o fracaso de nuestra terapia depende  en  gran medida de un encuadre claro y conciso con los pacientes.

Para finalizar  concluyó  que como terapeutas dedicados a la salud mental debemos de jugar  un rol, donde la creatividad y espontaneidad se apodere de nosotros, para  el servicio de nuestros consultantes.

Bibliografía:

OMS Maltrato infantil

Revista digital  de medicina  psicosomática y psicoterapia

Vargas, R. C., y Pérez, G. J. (2010). “La violencia contra los niños, niñas y adolescentes en México. Miradas regionales”. México: Red por los Derechos de la Infancia en México.

www.who.int/mediacentre/factsheets/fs150/es

http://adivac.org/sitio/quienes-somos/proyecto-adivac.html

www.excelsior.com.mx/nacional/2016/03/29/1083535

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